Traslado de los restos de seis misioneros agustinos que entregaron su vida en Venezuela

La comunidad agustiniana de Maracaibo vivió el 12 de agosto un momento especialmente significativo con la celebración de una Eucaristía por el eterno descanso de seis misioneros agustinos españoles cuyos restos, hasta ahora depositados en el Jardín Santa Lucía de Ciudad Ojeda, fueron trasladados a la parroquia agustiniana del Perpetuo Socorro de Maracaibo. Allí reposan en el columbario «La Morada de Dios», como reconocimiento a quienes entregaron buena parte de su vida al servicio de la Iglesia y del pueblo venezolano.

La celebración fue también una ocasión para hacer memoria agradecida de tantos religiosos agustinos que, desde 1951, dejaron España para anunciar el Evangelio en Venezuela y poner su vida al servicio de Jesucristo y de las comunidades que les fueron encomendadas.

Su presencia, su trabajo pastoral y educativo y su cercanía con las familias dejaron una profunda huella que todavía hoy permanece viva en numerosos lugares del país, especialmente en el estado Zulia.

«Si los agustinos venezolanos somos deudores de algo, es del trabajo abnegado que realizaron todos los misioneros españoles desde 1951 en nuestra patria», recuerda la comunidad agustiniana.

Años de entrega en los que cómo no, hubo «desvelos, cansancios y fatigas», pero también una fecunda labor evangelizadora que permitió sembrar una fe que hoy continúa creciendo en niños, jóvenes y familias.

P. Laureano Andrés Fresno, OSA

Entre los seis misioneros se encuentra el P. Laureano Andrés Fresno, nacido en Zamora el 9 de agosto de 1941. Profesó sus votos solemnes en Roma en 1966 y fue ordenado sacerdote ese mismo año. Docente y misionero, desarrolló su labor en distintos países de América, entre ellos Perú y Colombia, y participó en 1975 en la llamada Operación Isanza, una expedición misionera que recorrió los ríos Amazonas, Marañón, Pastaza y Huallaga con el propósito de acercarse a comunidades indígenas jíbaras achuales.

En 1982 llegó a Venezuela y, en 1995, asumió la dirección del Colegio San Agustín de Ciudad Ojeda. Su muerte, en un accidente de tráfico un 1 de mayo, conmocionó profundamente a aquella pequeña ciudad.

P. Daniel Paniagua, OSA

También reposarán en «La Morada de Dios» los restos del P. Vicente Daniel Paniagua, OSA, vallisoletano, que llegó a Venezuela en 1976 y obtuvo posteriormente la nacionalidad venezolana. Después de haber ejercido la docencia en España y de haber sido destinado como misionero a Argentina, Colombia y Perú, desarrolló buena parte de su ministerio en el Zulia. Conocido y querido en Maracaibo, encontró especialmente en Ciudad Ojeda y en barrios como Las Morochas y Libertad un lugar al que dedicó buena parte de su vida. Falleció el 12 de febrero de 2005, a los 82 años.

P. Francisco Amor Martínez, OSA

El P. Francisco Amor Martínez, OSA, nacido en Solveira (Orense), llegó a Venezuela en 1959. Licenciado en Literatura por la Universidad Central de Venezuela, ejerció como docente en el Colegio San Agustín de El Paraíso y fue destinado a Ciudad Ojeda entre 1961 y 1964.

Allí desarrolló una intensa actividad pastoral, llegando a celebrar la Eucaristía en lugares tan diversos como debajo de un árbol en Barrio Obrero, el salón de cine del Barrio Libertad o una escuela del barrio La Playa. Posteriormente desarrolló su ministerio en distintos barrios de Caracas y en parroquias como la Parroquia del Buen Consejo y Santa Rita. Su especial sensibilidad hacia las personas más pobres marcó profundamente su ministerio sacerdotal.

P. Manuel Álvarez, OSA

Otro de los misioneros es el P. Manuel Álvarez, OSA, natural de León y primer párroco de Santa Lucía en Ciudad Ojeda. Ordenado sacerdote en 1960, desarrolló inicialmente su labor misionera en Perú, especialmente en Iquitos, antes de llegar a Venezuela en 1970. Fue párroco de Jesucristo Rey y dedicó grandes esfuerzos pastorales a comunidades como El Paraute y Las Morochas.

Participó además en la fundación y puesta en marcha de distintas obras de la Diócesis de Cabimas y dedicó numerosas horas a la promoción de los Cursillos de Cristiandad. En 1992 pasó por Maracaibo como prior y, tras sus últimos años de enfermedad, sus restos quedaron depositados en Ciudad Ojeda.

P. José Antonio Andrés Nistal, OSA

Completa este grupo el P. José Antonio Andrés Nistal, OSA, nacido en 1916, que llegó a Venezuela en 1953, cuando el Vicariato comenzaba a dar sus primeros pasos. Trabajó en Caracas y, posteriormente, fue párroco de La Concepción y La Ensenada, en el estado Zulia, bajo la protección de la Virgen del Monte Carmelo. También colaboró en la parroquia Jesucristo Rey y ejerció como capellán del Hospital Pérez Carreño. Tras regresar a Maracaibo en 1993, falleció en 1996 después de sufrir un derrame cerebral.

P. Narciso Llamazares, OSA

Finalmente, el P. Narciso Llamazares Reguera, OSA, nacido en León en 1924, completó su ministerio misionero en tierras venezolanas después de haber servido también en Estados Unidos y Filipinas. Llegó a Venezuela en 1983 y durante doce años ejerció como vicario sustituto en la parroquia Cristo Redentor del barrio Libertad, además de colaborar en Jesucristo Rey y ejercer como párroco en El Paraute. En 1996 fue destinado a Maracaibo, donde falleció el 14 de junio de 2005, a los 81 años de edad y después de 63 años de vida religiosa.
Con el traslado de sus restos, la parroquia del Perpetuo Socorro no solo recibe a seis sacerdotes, sino que acoge una parte viva de su propia historia. En ellos se hace memoria de tantos misioneros que gastaron su vida por Jesucristo y por el anuncio del Evangelio en Venezuela.

Sus nombres y su legado permanecen en las comunidades que acompañaron, en las Eucaristías que celebraron y en tantas generaciones que crecieron a su lado. Ahora, bajo el manto de la Virgen del Perpetuo Socorro y en «La Morada de Dios», la comunidad de Maracaibo podrá seguir honrando su memoria y elevando por ellos una oración agradecida: que descansen en paz.

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