
Mientras en el exterior de las plazas de toros se prepara el festejo y el público ocupa poco a poco los tendidos, en la capilla los toreros encuentran unos minutos de silencio antes de salir al ruedo. En La Glorieta, la plaza de toros de Salamanca, ese pequeño espacio situado junto a la enfermería cuenta desde este verano con un nuevo capellán: el agustino P. Fernando Javier Martín Báñez.
Lleva dieciséis años al frente del Colegio San Agustín de Salamanca y acaba de asumir un servicio que reconoce como un reto y que, al mismo tiempo, le permite acercarse de una manera completamente nueva a una afición que le acompaña desde niño.
La posibilidad surgió a comienzos de junio, tras el fallecimiento del anterior capellán. Algunas personas conocían la afición taurina del P. Fernando Javier y pensaron en él para asumir esta responsabilidad. Apenas lleva unas semanas, pero ya ha comenzado a descubrir que ser capellán de una plaza de toros significa mucho más que acompañar a quienes saltan al ruedo.
«No soy capellán de los toreros, sino de todas las personas que hacen posible el festejo», explica. Su misión, como en cualquier otra capellanía, consiste fundamentalmente en acompañar espiritualmente a las personas, estar disponible para las necesidades religiosas que puedan surgir, cuidar la capilla como espacio sagrado y ofrecer una presencia cercana. «En definitiva, es nuestra labor como religiosos y sacerdotes: estar junto a la gente para anunciar la Buena Noticia», resume.
La capilla de La Glorieta es pequeña y está situada junto a la enfermería. Allí se conserva también parte de la historia religiosa de la plaza: imágenes, estampas y otros signos de devoción que los propios toreros y miembros de las cuadrillas han ido dejando a lo largo de los años. Preside este espacio la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca, a la que muchos se encomiendan antes del paseíllo. Y entre las referencias religiosas de la plaza también aparece la figura de San Juan de Sahagún, santo agustino salmantino al que la tradición atribuye el milagro de detener un toro, que da nombre a una calle del casco histórico y que desde el año 2020 es patrón de la Provincia agustina de San Juan de Sahagún.

Para el nuevo capellán, sin embargo, lo más significativo no son únicamente las imágenes o los símbolos, sino lo que sucede ante ellos. «Estoy aprendiendo que la figura de un capellán en la plaza, lejos de asustar, genera paz, serenidad y confianza», asegura.
Por eso llega aproximadamente una hora antes de cada festejo. Recorre la plaza, saluda a los policías, conserjes, areneros, mulilleros, profesionales sanitarios, miembros de la organización, toreros y a tantas personas que hacen posible cada corrida. Poco a poco comienza a descubrir una comunidad humana que, aunque trabaja en ámbitos muy diferentes, comparte un mismo espacio y una responsabilidad común.
«Hay un fuerte sentido de comunidad», afirma. Y precisamente ahí encuentra una de las dimensiones más importantes de su servicio: estar presente.
Cuando el torero se queda a solas
De estos primeros días como capellán al P. Fernando Javier señala que ha visto cómo quienes minutos antes saludaban, sonreían y posaban para fotografías cambian de expresión al entrar en la capilla: «Impresiona ver a los toreros que todos saben dónde está la capilla, cómo les cambia la sonrisa de saludos y fotos a una cara seria, cortante, sin aliento ante la Capilla».
Es entonces cuando cada uno vive su religiosidad de una manera personal. Algunos simplemente entran y permanecen en silencio. Otros saludan al capellán, agradecen su presencia o piden ser bendecidos. Y algunos, después de la corrida, cuando abandonan la plaza a pie, regresan a la capilla para dar gracias.
La experiencia le ha permitido descubrir una dimensión del mundo taurino que quizá desde los tendidos no resulta tan visible: la conciencia de la fragilidad. La capilla está junto a la enfermería y esa proximidad adquiere un significado especial para quienes están a punto de salir al ruedo.
«Impresiona verles la cara en la Capilla», reconoce. Allí aparece el miedo, la vulnerabilidad, la incertidumbre. Y también la necesidad humana de encontrar un sentido que vaya más allá de uno mismo.

Interioridad
Es precisamente en ese punto donde el P. Fernando Javier descubre una conexión profunda con la espiritualidad agustiniana. La capilla se convierte en un lugar donde el silencio puede transformar la angustia en oración y donde el miedo puede abrirse a la confianza. «Estoy para acompañarlos en el miedo, a encontrar calma y trascendencia en el silencio de la capilla antes de salir al ruedo», señala.
La conocida expresión de San Agustín – «nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» – adquiere en este contexto una resonancia especial. No se trata de eliminar el miedo, sino de acompañarlo; no de negar la fragilidad, sino de reconocerla y ponerla ante Dios.
La vida y la muerte, reconoce el religioso, aparecen especialmente unidas en este entorno. También las supersticiones, los amuletos y las diferentes formas de religiosidad popular. «Es importante estar junto a ellos para encauzar esa debilidad y miedo hacia la fuerza de Dios», afirma.
Y esa presencia no termina cuando acaba la corrida. También está llamada a hacerse cercana en los momentos de sufrimiento ante un percance, en la recuperación y rehabilitación, en la superación y en ese proceso de conversión continua que forma parte de toda vida humana.
Una religiosidad que permanece
Aunque la sociedad actual vive, en muchos ámbitos, un proceso de secularización, el P. Fernando Javier percibe que la dimensión religiosa continúa teniendo una presencia significativa en el mundo taurino.
Los toreros tienen sus propias capillas en los hoteles, llevan símbolos religiosos en sus trajes y muchos utilizan motivos religiosos en elementos como el pisa corbatas. Antes de comenzar el paseíllo, es habitual que hagan la señal de la cruz al pisar la arena. «Es religiosidad personalizada, mezcla lo popular y supersticioso, los amuletos», explica.
Para él, esta realidad no debe abordarse desde el juicio, sino desde el respeto y el acompañamiento. «Ahí la labor del capellán recobra importancia para reconducir esa creencia, desde el respeto, el silencio y la presencia».
También considera necesario avanzar en el reconocimiento de esta figura. En la mayoría de las plazas de toros existe una capilla, aunque no siempre hay un capellán que la atienda. «Otro reto es institucionalizar la figura del capellán en las plazas», apunta.
De aficionado a capellán
La relación con los toros del P. Fernando Javier comenzó hace más de cuatro décadas, cuando era niño en Fontiveros, localidad abulense vinculada a San Juan de la Cruz y también a la figura del torero Julio Robles. «Yo jugaba a los toros y también a los curas», recuerda.
Ahora, sin embargo, su lugar en la plaza es diferente. Ya no está allí principalmente como aficionado. «No estoy allí en un lugar privilegiado para hacerme fotos con ellos, como aficionado lo haría, pero ahora no es esa mi labor. No estoy allí para ver las corridas de toros; eso ya lo llevo haciendo más de 40 años». Ahora le toca conjugar «la parte mítica de la tauromaquia, la que se vive como aficionado, con la realidad humana» que ahora descubre desde el patio y el callejón. Una mirada nueva que le está permitiendo conocer de cerca a quienes viven de esta profesión y las personas que trabajan alrededor de cada festejo.
Y ese acompañamiento no distingue entre quienes ocupan el centro del ruedo y quienes hacen posible el festejo desde lugares mucho menos visibles. La cirujana jefe, los delegados de la autoridad, el presidente, los trabajadores de la plaza… todos forman parte de la comunidad que el capellán está comenzando a conocer.
Después de apenas una semana de servicio, el P. Fernando Javier se define todavía como «novato». La acogida de la empresa y de los trabajadores ha sido, según explica, «muy buena, amable y respetuosa». Eso le ha ayudado a perder los nervios y a comprender que, más allá del espectáculo, existe una realidad humana que necesita también espacios de silencio, confianza y acompañamiento.
