Campamentos de verano de los agustinos para niños y jóvenes

El Monasterio de Santa María de La Vid y el colegio de León son sede de los campamentos que cada verano ofrece la Provincia.

Los campamentos Tagaste de la Provincia de San Juan de Sahagún han reunido durante los meses de julio y agosto a cientos de niños y jóvenes procedentes de colegios y parroquias agustinas de España y Portugal. Han sido unos días marcados por la convivencia, la formación y la alegría. Bajo el lema pastoral «Somos comunidad», los campamentos han buscado ayudar a los participantes a experimentar que cada persona tiene algo que aportar y que la comunidad se construye cuando todos ponen sus capacidades al servicio de los demás. Una propuesta que conecta de manera especial con la espiritualidad de san Agustín, para quien la amistad, la vida compartida y la búsqueda conjunta del bien forman parte esencial de la vida cristiana.

Tagaste 1

En Tagaste 1, celebrado del 15 al 27 de julio en las instalaciones del Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo de León, participaron 66 niños de 4º de Primaria a 2º de ESO, procedentes de distintos colegios y parroquias agustinas. Como novedad, este año se incorporaron por primera vez cuatro niños de 4º de Primaria.

El grupo estuvo acompañado por 21 jóvenes monitores, dos profesos agustinos de Valladolid y un equipo de coordinación formado por laicos y religiosos agustinos.

El lema «Somos comunidad» estuvo presente a lo largo de todo el campamento a través de un imaginario basado en un recorrido por distintos medios de transporte. Junto a las actividades habituales – deportes, talleres, juegos, oraciones, celebraciones, ensayos y fuegos de campamento – hubo tiempo para vivir experiencias especiales como una jornada temática ambientada en Super Mario, la peregrinación al santuario de la Virgen del Camino, un día de playa en Gijón y un paseo por la ciudad de León.

Una de las características de Tagaste 1 es precisamente su ambiente familiar. El cuidado de la relación entre monitores y responsables permite que ese «aire de familia» se transmita también a los niños. La alegría de los participantes, su implicación en las actividades y hasta las lágrimas del último día al despedirse son un reflejo de los vínculos que se crean durante estas semanas.

También los monitores viven un proceso de crecimiento: aprenden a trabajar en equipo, a cuidarse mutuamente y a asumir con responsabilidad el acompañamiento de los más pequeños. Para los religiosos que participan, esta convivencia intensa con niños y jóvenes se convierte además en una ocasión para renovar la propia vocación y dejarse interpelar por su espontaneidad, su creatividad y su manera sincera de vivir la fe.

Tagaste 2

Por su parte, Tagaste 2 se desarrolló en el Monasterio de Santa María de La Vid, en Burgos, un lugar que desde hace más de 40 años acoge durante el verano a miles de niños y jóvenes. Organizado por la Comisión Provincial de Pastoral, este campamento está dirigido especialmente a quienes participan durante el curso en los grupos de catequesis y grupos Tagaste de las comunidades agustinas de España y Portugal.

En esta edición, Tagaste 2 reunió a jóvenes de edades comprendidas entre 3º de ESO y 2º de Bachillerato, dando continuidad durante el verano al camino de formación y crecimiento iniciado a lo largo del curso.

Junto a Tagaste 1 y Tagaste 2, la Provincia mantiene también su propuesta de Campamento de La Vid, organizado por la Comisión Provincial de Educación para alumnos de 3º de Primaria a 2º de ESO de los 17 colegios de Agustinos de España. Este campamento se desarrolla en la primera quincena de julio también en el Monasterio de La Vid.

En conjunto, los tres campamentos provinciales han contado este verano con participantes de una veintena de comunidades agustinas entre colegios y parroquias. Entre acampados, monitores y equipos de coordinación, más de 700 personas han formado parte de estas experiencias de verano.

Portugal

La propuesta Tagaste también ha tenido su expresión en Portugal, donde la Juventude Agostiniana Portuguesa (JAP) organizó, del 20 al 29 de agosto, un nuevo campamento para los niños y adolescentes de las parroquias agustinianas de São Domingos de Rana y Santa Iria de Azóia.

En total participaron 123 niños y jóvenes, de entre 10 y 17 años, acompañados por 28 monitores, ocho voluntarios adultos encargados de la cocina y dos religiosos agustinos.

En Portugal, el lema «Somos comunidad» se concretó en el imaginario de «Tagastelândia», una comunidad ideal que, tras sufrir una catástrofe natural, necesita reconstruirse con la colaboración de todos. Bomberos, policías, médicos, ingenieros, científicos, profesionales del cuidado del medio ambiente, jueces, artistas, profesores, sacerdotes y religiosas fueron apareciendo cada día para mostrar que todos tienen algo que aportar. El juego se convirtió así en una invitación a descubrir que una comunidad solo puede avanzar cuando sus miembros trabajan juntos y reconocen que todos son necesarios.

Este año, además, el campamento portugués tuvo que cambiar de ubicación debido a los efectos de la tempestad Kristin. Las instalaciones del Centro Escutista do Oeste, en Salir do Porto, acogieron la actividad, permitiendo también disfrutar algunos días de la cercana playa. El calor extremo del precampamento y varias jornadas de lluvia y viento pusieron a prueba la capacidad de adaptación de monitores y participantes.

Pero las dificultades terminaron convirtiéndose en una oportunidad para hacer realidad el mensaje del propio campamento: trabajar juntos, superar las dificultades y reconstruir la comunidad entre todos.

Amistad

Más allá de las cifras y de las numerosas actividades, los campamentos Tagaste dejan una experiencia que continúa durante todo el año. Para algunos niños han sido sus primeros días lejos de casa; para otros, una oportunidad de reencontrarse con amigos y monitores; y para los mayores, una despedida que puede convertirse en un nuevo comienzo como futuros monitores. Todos regresan con experiencias compartidas y con la certeza de que la comunidad no termina cuando acaba el campamento.

El verano termina y los campamentos quedan atrás, permanecen las canciones, las excursiones, los juegos y, especialmente, los nombres y rostros de quienes se han convertido en amigos. Para los Agustinos, esta es quizá una de las mayores riquezas de estas experiencias: descubrir que la fe también se vive en comunidad y que la amistad puede ser un camino para encontrarse con Dios. San Agustín lo expresó con palabras que siguen teniendo plena actualidad: «En las cosas humanas, nada es más grato al hombre que un amigo».

Después de un verano más, niños, jóvenes, monitores y religiosos regresan a casa con la certeza de que algunos encuentros pueden convertirse en amistades para toda la vida y de que, juntos, siempre es más fácil seguir caminando.

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