Profesiones solemnes en la Iglesia de San Agustín, de Valladolid

El 19 de marzo, la Iglesia de San Agustín de Valladolid acogió la celebración de las profesiones solemnes de cinco jóvenes agustinos.

La Provincia agustiniana del Sagrado Corazón de Jesús de Panamá y el Vicariato de San Agustín de Tanzania, han celebrado con alegría la Profesión de los Votos Solemnes de Fr. Vincent Mark Makauky, OSA; Fr. Nelson Damian Mwenda, OSA; Fr. Onesmo Mwombeki Madaraka, OSA; Fr. Kevin Alexander Alvarado Dávila, OSA y Fr. Pablo Ojeda Patiño, OSA. La ceremonia tuvo lugar el 19 de marzo, solemnidad de San José, patrono de la Orden de San Agustín, en la Parroquia San Agustín del Real Colegio Seminario de los Agustinos de Valladolid.

Uno de los neo profesos, Fr. Onesmo Mwombeki Madaraka, OSA, ha querido compartir cómo vivió este momento, que se transmitió por el canal de Youtube de la Provincia de San Juan de Sahagún.

La alegría de la entrega

La Eucaristía presidida por el Prior General de la Orden, P. Joseph Farrell, contó también con la presencia de los priores provinciales, P. Domingo Amigo,de la Provincia de San Juan de Sahagún y P. Carlos de la Cruz, de la Provincia de Panamá. Su cercanía y palabras ayudaron a comprender la grandeza del paso que estaban dando los cinco jóvenes.

Junto con ellos estuvieron peresentes algunos de sus familiares, muchos agustinos venidos de diversas casas de España, religiosas, amigos, fieles de la parroquia, compañeros de estudios. En este contexto de comunión eclesial y familiar, los propios profesos experimentaron con intensidad el significado de lo que estaban celebrando.

Los votos solemnes

Así lo expresa Fr. Onesmo al recordar que «vivimos con profunda emoción la celebración de nuestra profesión solemne en un clima de recogimiento, gratitud y alegría compartida». Para ellos, añade, «este momento ha supuesto un acontecimiento verdaderamente histórico, un hito en nuestro camino vocacional que marca un antes y un después».

En esta misma línea, subraya que «la profesión solemne no solo expresa un compromiso definitivo, sino que también es signo de la fidelidad de Dios, que sigue llamando y sosteniendo nuestras vidas», destacando además el hecho de celebrarlo en la solemnidad de San José, modelo de entrega confiada.

Vivencia comounitaria

Profundizando en la vivencia interior de la celebración, Fr. Onesmo destaca también su dimensión espiritual y litúrgica, señalando que fue «un momento de profunda gracia, marcado por la serenidad, la gratitud y la esperanza».

En este sentido, explica cómo «en medio de la comunidad reunida, la liturgia se convirtió en signo visible de un compromiso interior», expresión de «la entrega total y definitiva a una vocación que ha sido discernida en el silencio, la oración y la vida compartida».

Junto a esta experiencia de entrega, la vivencia comunitaria ocupó un lugar central en la jornada. Para él, uno de los aspectos más hermosos fue precisamente poder compartir esta alegría con toda la familia agustiniana, experimentando de manera concreta la fuerza del carisma compartido. De ahí que afirme con convicción: «la fraternidad vivida durante la celebración fue, sin duda, uno de los mayores regalos del día».

Gratitud

La celebración fue también ocasión para mirar con gratitud el camino recorrido. En este sentido, Fr. Onesmo pone en valor la presencia cercana de quienes han acompañado su vocación, subrayando que «la presencia de nuestros padres, padrinos y familiares añadió un tono especialmente entrañable».

Asimismo, reconoce que «su apoyo constante, su acompañamiento silencioso y su amor incondicional han sido fundamentales en nuestro proceso vocacional», extendiendo este agradecimiento a otras congregaciones, amigos y amigas, cuya participación hizo visible la riqueza y la comunión de la Iglesia.

Todo ello permite comprender que la profesión solemne no es solo meta, sino también nuevo comienzo. Como recuerda la espiritualidad de San Agustín de Hipona, el corazón humano está siempre en camino hacia Dios, llamado a renovarse continuamente en el amor. Así, este paso definitivo se convierte también en envío: una invitación a vivir en comunidad, siendo testigos de comunión, entrega y esperanza en medio del mundo.

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