
El Santo Padre comienza un viaje apostólico por cuatro países africanos. Hoy llega a Argelia, que por primera vez recibirá la visita de un Pontífice, aunque el Papa ya visitó la patria de San Agustín siendo Prior General de la Orden de San Agustín en el año 2009. Mientras, en España, la Familia Agustiniana presenta el documental «Sacrificio Pascual» en el que la agustina misionera María Jesús Rodríguez habla de Caridad y Esther, mártires agustinas asesinadas en Argelia, la jornada del DOMUND del año 1994.
En Argelia, al Papa le espera una Iglesia minoritaria y martirial, que testimonia el amor de Dios con la fidelidad y la entrega de la vida.
Entre otros actos, León XIV tendrá una visita privada a las agustinas misioneras en Bab El Oued. No se tienen más detalles sobre este encuentro, pero ¿qué sucedió en esa casa? ¿Por qué el Papa va a visitar a esas religiosas, más allá de su conexión con San Agustín?
Allí vivieron Esther Paniagua y Caridad Álvarez. Dos misioneras españolas que fueron asesinadas a tiros en la calle, cuando se dirigían a celebrar la Eucaristía en el día del Domund de 1994. Forman parte de los 19 mártires de Argelia, que fueron beatificados por el papa Francisco en 2018. Murieron tras haber decidido permanecer en el país a pesar de las amenazas recibidas tras la crisis política en Argelia de la década de los 90.
El discernimiento
En aquel momento Mª Jesús Rodríguez era la superiora provincial de las agustinas misioneras y había viajado a principios de octubre hasta el país africano para acompañar a las 12 religiosas que estaban en el país en el discernimiento que les llevaría a decidir qué debían hacer.
Para conocer más en profundidad este momento de la historia de la familia agustiniana, así como la realidad que espera al Papa en su visita a Argelia, agustinosconelpapa.es ha entrevistado a Maria Jesús Rodríguez, agustina misionera que fue testigo del asesinato de las beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, mientras se preparaban para asistir a misa la Jornada del Domund del año 1994.
El documental recoge con gran fuerza el proceso de discernimiento vivido por las religiosas en medio de un contexto de violencia creciente. No fue una decisión improvisada ni inconsciente. Fue una elección orada, compartida, sostenida en la Palabra de Dios.
Caridad se reconocía en la llamada de Abraham y en el “sí” de María, sabiendo que toda vocación implica salir de seguridades y confiar. Esther contemplaba la realidad desde la visión del profeta Ezequiel: un pueblo herido que, sin embargo, puede volver a la vida por la fuerza del Espíritu. Ambas miraban a Cristo en la cruz, donde el aparente fracaso se transforma en fuente de vida.
En ese horizonte, sus palabras adquieren un peso particular: no entendían la misión solo en tiempos favorables, sino también cuando el riesgo y la incertidumbre se hacían presentes. Permanecer en Argelia era, para ellas, una forma concreta de fidelidad.
Eucaristía hecha vida
El relato del atentado, recogido en el documental, impresiona por su sobriedad. Era un día ordinario, tejido de oración, trabajo y fraternidad. Nada hacía prever que aquella jornada culminaría en el martirio.
Al salir hacia la celebración de la Eucaristía, Caridad y Esther fueron abatidas a las puertas de su casa. La violencia interrumpió el camino, pero no el sentido de sus vidas. Como se expresa en el documental, aquella Eucaristía quedó “celebrada” en el ofertorio de sus propias vidas, entregadas hasta el extremo. Un gesto condensa toda la lógica pascual. La muerte no tiene la última palabra; de la cruz brota la vida. Y el martirio se convierte en semilla.

Tras ser reconocido su martirio, las familias y las hermanas pudieron regresar en 2018 a Bab El Oued. Entre ellas también se encontraba Ana Mª Guantay, superiora general actual de las agustinas misioneras, que ha contado recientemente en una entrevista a Obras Misionales Pontificias que después de muchísimo tiempo pudieron volver a la casa: «Celebramos en la capilla la primera Eucaristía tras el martirio, me emociono al recordarlo, porque era un lugar sagrado por la vida de las hermanas, uno puede decir que hasta la piel de ellas estaba en las paredes, porque allí rezaban, discernían, lloraban por los dolores de la gente, por la impotencia”.
En la actualidad, las agustinas misioneras han reconvertido esta casa en un centro de acogida y amistad para niños y mujeres argelinos.
Preparar el corazón
Mientras en España crece la expectativa por la llegada del Santo Padre, este tiempo previo invita también a ensanchar la mirada. El Papa no llega directamente a nosotros: antes camina por otras tierras, escucha a otras comunidades, comparte la fe con otros pueblos.
Recordar el martirio de Caridad y Esther en este momento es una invitación a preparar el corazón desde la profundidad del Evangelio. Ellas nos enseñan que la Iglesia se construye desde la entrega, la fidelidad y la esperanza.
Y que, allí donde parece que todo termina, Dios sigue haciendo nacer vida.
