Formación teológica de laicos, una oportunidad para profundizar en la fe desde la razón

María Jesús Coterón acaba de obtener el Bachiller en Teología, una experiencia muy positiva que le ha ayudado a fundamentar mejor su fe.

La formación permanente es una de las claves para vivir una fe adulta y comprometida. También para los laicos. En la tradición agustiniana, el deseo de conocer más profundamente a Dios y de buscar incansablemente la verdad forma parte del camino espiritual de todo cristiano. El testimonio de Maria Jesús Coterón, licenciada en Ciencias Físicas, madre de tres hijos, abuela de tres nietos, catequista de Primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo y colaboradora de la ONGA y de la Fundación REDA, refleja cómo el estudio de la Teología puede convertirse en una experiencia transformadora que fortalece la fe y el servicio a la Iglesia.

Aunque ella no estudió en un colegio agustiniano, el vínculo con la Orden ha estado siempre presente en su vida. Sus cinco hermanos, su marido y sus tres hijos son antiguos alumnos del Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, donde además lleva años colaborando como catequista y participó en la creación del grupo scout femenino que, tras la incorporación de alumnas al centro, pasó a integrarse en el grupo scout del colegio. Hoy continúa ese compromiso desde la ONGA y la Fundación REDA.

La fe ha sido siempre el eje de su vida, aunque durante mucho tiempo tuvo una inquietud que le impedía dar el paso hacia unos estudios de Teología. «Temía que el análisis intelectual pusiera en riesgo mi vivencia personal de la fe», reconoce. Sin embargo, la formación recibida como catequista despertó en ella un creciente interés por la Sagrada Escritura y terminó descubriendo que conocer más no debilita la fe, sino que la fortalece.

Ese camino llevó a María Jesús a matricularse en el programa de Teología Universitaria para Postgraduados (TUP) de la Universidad Pontificia Comillas, un itinerario pensado para laicos con formación universitaria que desean profundizar en la doctrina cristiana y obtener el Bachiller en Teología.

Durante los cinco años de estudios encontró un ambiente enriquecedor, tanto por el nivel académico como por la convivencia con compañeros de distintas edades y profesiones, unidos por una misma inquietud intelectual y espiritual. «Todos compartíamos el deseo de profundizar en la fe, lo que generaba un compañerismo muy enriquecedor y una mirada más abierta», explica.

Como científica, reconoce que la Teología le ha permitido descubrir nuevas perspectivas. Las asignaturas bíblicas fueron sus favoritas, aunque también le sorprendieron disciplinas como la escatología, por su relación con la comprensión del tiempo, o el estudio específico de las virtudes teologales. Pero, por encima de todo, destaca el fundamento que estos estudios han dado a su fe. «Me ha proporcionado herramientas intelectuales para comprender con mayor profundidad y estructurar aspectos de la fe que antes intuía», afirma.

Su experiencia pone de manifiesto la importancia de ofrecer una sólida formación teológica a los laicos, especialmente a quienes desarrollan una misión evangelizadora como catequistas, educadores o agentes de pastoral. Una formación que no pretende acumular conocimientos, sino ayudar a vivir una fe más consciente, madura y capaz de dialogar con la cultura y con los desafíos del mundo actual.

Desde la espiritualidad de san Agustín, el estudio nunca constituye un fin en sí mismo, sino un camino hacia la Verdad que transforma la vida. Como escribió el obispo de Hipona, el corazón humano permanece inquieto hasta descansar en Dios. Esa inquietud, alimentada por el deseo de conocer, comprender y amar más profundamente, sigue impulsando hoy a muchos laicos a formarse para servir mejor a la Iglesia y poner sus talentos al servicio de los demás.

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