
En este domingo la multiplicación de los panes le sirve a San Agustín a reconocer que debemos alimentarnos de la Palabra de Dios para poder dar a los hermanos la misma vida de Cristo. Comer de la Palabra para poder alabar al Señor y llevar ese amor a los hermanos porque nada se pierde de la generosidad de Dios al repartir sus bienes a los hombres. Con nuestra vida, con nuestras acciones, llevemos a todos el amor que derrama Dios con generosidad.
Exponeros las Sagradas Escrituras es como partiros el pan. Vosotros, hambrientos, recibidlo y emitid la hartura con la alabanza del corazón. Y los que sois de mesa bien abastecida no seáis escasos en buenas obras y acciones. Lo que os sirvo no es mío. De lo que coméis, de eso como; de lo que vivís, de eso vivo. En el cielo tenemos nuestra común despensa, pues de allí procede la palabra de Dios.
Siete panes
Los siete panes significan la septiforme operación del Espíritu Santo; los cuatro mil hombres, la Iglesia constituida sobre los cuatro evangelios; las siete canastas de restos, la perfección de la Iglesia. Muy frecuentemente se simboliza la perfección mediante este número.
¿A qué se debe que se haya dicho: Te alabaré siete veces al día? ¿Se equivocaría acaso el que no alabase al Señor tantas veces? ¿Qué significa, pues, te alabaré siete veces, sino: Nunca cesaré de alabarte? En efecto, quien dice siete veces indica todo el tiempo. Por ello, el tiempo discurre en un ciclo de siete días.
¿Qué significa, pues, te alabaré siete veces al día, sino lo que se dice en otro lugar: Su alabanza está siempre en mi boca? Debido a esa perfección misma, el apóstol Juan escribe a siete iglesias. El Apocalipsis es un libro en el que san Juan evangelista escribe a siete iglesias.
Ateneos a la verdad; reconoced las canastas. Pues no se perdieron los restos, sino que, al pertenecer también vosotros a la Iglesia, os han sido ciertamente de provecho. Cuando os expongo estas cosas, estoy al servicio de Cristo; vosotros, al escucharlas con tranquilidad, estáis recostados a la mesa. Aunque físicamente estoy sentado, en cuanto al corazón estoy de pie a vuestro lado y con solicitud os sirvo, no sea que a alguno de vosotros le repugne no el alimento, sino el plato. Sabéis, pues lo habéis oído con frecuencia, que el banquete que ofrece Dios lo busca el espíritu, no el vientre.
Ciertamente, con siete panes se saciaron cuatro mil hombres. ¿Hay algo más maravilloso? Y, con todo, hubiese sido poco si no se hubiesen llenado también siete canastas con los restos. ¡Grandiosos misterios! Eran obras que hablaban. Esas acciones, si las comprendes, son palabras. También vosotros pertenecéis a los cuatro mil, puesto que vivís bajo el cuádruple evangelio. En tal número no se contaron las mujeres y los niños.
Así está escrito: Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Como si fuesen innumerables los faltos de seso y los afeminados. Con todo, coman también estos. Coman, sí; quizá los niños crezcan y dejen de serlo; quizá los afeminados se corrijan y se hagan castos. Coman: yo doy, estoy pendiente de ellos. Mas quiénes sean estos, lo sabe Dios que examina a los asistentes al banquete ofrecido por él y, si no se han corregido, quien sabe invitar sabe también apartar.
Sermón 95, 1-3
