Evangelio del IV Domingo de Adviento, según San Agustín

En el evangelio de este domingo de Adviento vemos a San José, hombre bueno, humilde, que no quiere dejar en mal lugar a su mujer.

Cercana ya los días de la Navidad, vemos cómo Jesús entra en nuestra historia a través de la concepción virginal de la Virgen María. Pero humanamente es difícil de explicarlo. Por eso, vemos a San José, hombre bueno, humilde, que no quiere dejar en mal lugar a su mujer. Ya estaban desposados, pero todavía no habían convivido juntos, siguiendo el rito judío del matrimonio.

Por eso, la presencia del ángel es el que le anuncia el origen del hijo que María lleva en su seno. Como nos dice San Agustín, José sospecha, pero se deja vencer fácilmente porque confía en Dios. José se va a convertir en un instrumento de Dios por su fe, por la docilidad al Espíritu, por ser el perfecto padre de Jesús, al que acompañará y cuidará. Y por él, entrará a formar parte de la estirpe de David, como anunciaron los profetas.

María

El mismo que libró a Susana, mujer casta y esposa fiel, del falso testimonio de los ancianos, libró también a la virgen María de la falsa sospecha de su marido. Aquella virgen a la que no se había acercado su marido fue hallada en estado. Su seno se había agrandado con la criatura, pero la integridad virginal había permanecido.

Gracias a la fe, había concebido al sembrador de la misma fe. Había acogido en su cuerpo al Señor; no había permitido que su cuerpo fuera violado. Pero el marido, hombre, al fin y al cabo, comenzó a sospechar. Creía que procedía de otra parte lo que sabía que no procedía de él, y ese «de otra parte» sospechaba que era un adulterio.

El ángel

Un ángel le corrige. ¿Por qué mereció ser corregido por un ángel? Porque su sospecha no era maliciosa, como las que —según dice el Apóstol— surgen entre hermanos. Sospechas maliciosas son las de los calumniadores; las benévolas, las de los que gobiernan la familia. Es lícito sospechar mal del hijo, pero no es lícito calumniarle. Sospechas algo malo en él, pero deseas hallar un bien.

José

Quien sospecha benévolamente, desea ser vencido, pues encuentra gozo precisamente cuando descubre que era falso el mal que sospechaba. De estos era José respecto a su esposa, a la que no se había unido corporalmente, aunque ya lo hubiese hecho mediante la fidelidad.

Cayó, pues, también la virgen bajo la falsa sospecha. Mas, del mismo modo que el espíritu de Daniel se hizo presente en defensa de Susana, así también el ángel se apareció a José en defensa de María: No temas acoger a María como tu esposa, pues lo que de ella nace es del Espíritu Santo. Se eliminó la sospecha, porque se descubrió la redención.

Sermón 343, 3

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