Evangelio del III Domingo del Tiempo Ordinario, según San Agustín

El evangelio invita a la conversión y a dejarlo todo para seguir a Jesús, en referencia no solo a vienes materiales.

Hoy el evangelio nos invita a convertirnos y a dejarlo todo para seguir a Jesús. En nuestro día, nos podemos preguntar qué es lo que ahora tenemos que dejar. San Agustín nos explica cómo los pequeños dejaron lo que tenían para hacerse espirituales. Pero dejarlo todo no se debe entender sólo como que deja bienes materiales, sino deja el vivir centrado en uno mismo, en hacer mis cosas, en planificar mi futuro, en pensar cómo ganar o vivir mejor. Dejarlo todo es vivir centrado en Cristo Jesús para que Él sea el centro y el motor de nuestras vidas.

Allí anidarán los pájaros. La casa de la gaviota es guía para ellos. ¿Dónde anidarán los pájaros? En los cedros del Líbano. Ya hemos oído lo que son los cedros del Líbano: son los nobles del mundo, ilustres por su linaje, por sus riquezas, por los honores. También éstos serán saciados. Pero aquellos que ha plantado el Señor.

En estos cedros anidarán los pájaros. ¿Y quiénes son los pájaros? Las aves y los volátiles del cielo son pájaros, pero se les suele llamar pájaros a los volátiles pequeños. Son, pues, unos ciertos espirituales que anidan en los cedros del Líbano; es decir, hay algunos siervos de Dios que escuchan la palabra del Evangelio, que dice: Abandona todas tus posesiones; o también: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Y esto no lo han escuchado sólo los grandes, sino también los pequeños, y han querido ponerlo en práctica los pequeños, y llegar a ser espirituales: no unirse con el vínculo matrimonial, no complicarse con el cuidado de los hijos, no tener moradas propias, a las que estar ligados de manera estable, sino que eligen una forma de vida en común.

Conversión

Pero ¿qué han dejado estos pájaros, que parecen ser los más pequeños seres de este mundo? ¿Qué han abandonado? ¿Tal vez algo extraordinario? Uno se convierte a Dios, y deja la humilde morada de su padre: apenas un lecho y un baúl o un arca. Sin embargo, se ha convertido, se ha hecho pájaro, y se ha puesto a buscar las cosas espirituales.

Bien, muy bien; no le critiquemos, no le digamos: «No has dejado nada». No presuma el que ha dejado muchas cosas. Pedro, al seguir al Señor, sabemos que era pescador. ¿Qué pudo dejar? A su hermano Andrés, o a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, también pescadores; y, con todo, ¿qué dijeron? Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Y el Señor no le contestó: «Te has olvidado de tu pobreza; ¿Qué has abandonado, para recibir en recompensa todo el mundo?» Mucho ha dejado, hermanos míos, mucho ha dejado el que no sólo dejó lo que tenía, sino también lo que deseaba tener.

¿Qué pobre no se infla con la esperanza de los bienes de este mundo? ¿Y quién, cada día, no desea aumentar el caudal que posee? Esta ambición fue rígidamente truncada. Iba en aumento y se le puso un límite. ¿Y acaso no abandonó nada? Al contrario, Pedro dejó todo el mundo, y recibió el mundo entero. Como quienes nada tienen, y todo lo poseemos. Esto lo hacen muchos: esto lo hacen los que tienen poco, y vienen, y se hacen pájaros útiles. Parecen pequeñitos, porque carecen de la altura de la dignidad del mundo, pero anidan en los cedros del Líbano.

También los cedros del Líbano, los nobles, los ricos y sobresalientes de este mundo, al oír con venerable respeto: Dichoso el que cuida del pobre y desvalido, ponen la mirada en su hacienda, en sus quintas, en todas sus riquezas superfluas, por las que les hacen parecer como grandes, y las entregan a los siervos de Dios, pues dan campos, regalan huertos, edifican iglesias, monasterios; recogen a los pájaros para que aniden en los cedros del Líbano.

Por eso, se sacian los cedros del Líbano que plantó el Señor, y allí anidarán los pájaros. Mirad en toda la tierra, a ver si no es así. Os he dicho todo esto, no sólo porque lo he creído, sino que lo he comprobado. La experiencia misma me lo ha hecho entender. Preguntad a las muy extensas tierras que conocéis, y fijaos cómo en los numerosos cedros del Líbano anidan los pájaros de que os he hablado.

(Comentario al Salmo 103 III, 16)

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