
El día 27 de junio se llevó a cabo, en el Monasterio de Santa María de la Vid, Burgos, la celebración de las bodas de oro, plata y diamante de la profesión de los votos de religiosos agustinos de la Provincia de San Juan de Sahagún. Los homenajeados eran aquellos religiosos que habían emitido sus primeros votos en la Orden de San Agustín los años 1951, 1976 y 2001. En la Iglesia del Monasterio estuvieron presentes 13 de los agasajados, acompañados por familiares, amigos y unos 50 hermanos agustinos de diversas comunidades.
La celebración tuvo lugar en dos lugares y momentos muy significativos para la espiritualidad agustiniana: la eucaristía y el compartir fraterno. El primero de ellos se llevó a cabo en la Iglesia del Monasterio y el segundo en el comedor monacal. Cabe señalar que el Monasterio de Santa María de La Vid se remonta al siglo XII, cuando la Orden Premonstratense recibió el apoyo real para la edificación de un monasterio. Una vez concluida la desamortización en España del s.XIX, el Monasterio pasó a ser propiedad de los agustinos, quienes lo dedicaron a ser lugar de formación para los jóvenes candidatos.

Años que son más que cifras
Los PP. Adrián y Víctor, homenajeados por sus 25 años de profesión, dieron la bienvenida a todos los presentes en el templo. En sus palabras señalaron que, más que cifras, lo que se celebra son historias: «Historia de amor entre Dios y cada uno de nosotros. Historia que comenzó en el seno de familias buenas y generosas, que supieron educar con amor y en libertad nuestro corazón… Historia tejida por la gracia, sostenida por la esperanza y alimentada cada día por la fe».
Ambos religiosos señalaron que esta celebración no era solo una acción de gracias, sino una invitación. Sí, porque «al contemplar la fidelidad de los que hemos perseverado durante tantos años, somos llamados a renovar nuestra propia respuesta al Señor desde nuestra vocación, sea cual sea. Esta persverancia se convierte hoy para nosotros, en un testimonio luminoso de que Dios es fiel y de que su amor sostiene la vida de quienes confían y se abandonan en sus manos».

Júbilo compartido
En la homilía, el Prior Provincial, P. Domingo Amigo, invitó a todos los presentes a vivir la llamada a la comución, teniendo en cuenta lo escuchado en la Palabra de Dios, y a ser sal y luz en este mundo.
También señaló, cómo la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia que celebramos en el día de hoy, en los hermanos homenajeados, son una respuesta a la llamada del Señor y una consagración a Dios y a la construcción de su Reino.
E hizo una invitación a vivir en dinámica de renovación espiritual y comunitaria, fomentando la oración y la vida fraterna; practicando la misericordia unos con otros, potenciando el trabajo compartido entre los religiosos y en corresponsabilidad con los laicos, promoviendo una cultura vocacional, que esté enraizada en el encuentro con Dios y en el testimonio de vida.
Finalmente, agradeció a cada uno de los religiosos protagonistas de la celebración su vida en comunidad; la respuesta generosa a la vocación recibida; el testimonio de trabajo en la Orden, así como el compromiso evangelizador en las tareas que os han sido encomendadas.
Como recuerdo de este aniversario, el Prior Pronvincial entregó a cada uno de los que festejaban su día una medalla de la Virgen, Madre del Buen Consejo.

Acción de Gracias
Al final de la Eucaristía, el P. Jesús Cano, que celebraba los 50 años de profesión, en nombre de todos los homenajeados, dirigió unas palabras de agradecimiento.
Comenzó dando gracias a Dios, por la vida y sus dones. Continuó con la acción de gracias hacia cada una de las personas que puso en nuestro camino, tanto familiar, como comunitario y apostólico. Gracias a la Orden de San Agustín, pues ella nos aceptó, y formó, guio y dio libertad, aguantó y respaldó en cada momento. Y gracias a cada uno de los presentes por la compañía y cordialidad.
Concluida la Eucaristía, tuvo lugar en la mismo templo la sesión de fotos de los que celebraban sus bodas de profesión, y de estos con sus familiares que les acompañaban. A continuación se dio paso al encuentro fraterno en el claustro del monasterio y, seguidamente, en el comedor monacal.






