Viaje a Tierra Santa 2023: de la expiación a la gloria

Viaje a Tierra Santa 2023: de la expiación a la gloria

Dieciséis religiosos agustinos peregrinan a Tierra Santa para celebrar sus bodas de oro y plata de profesión de votos en la Orden de San Agustín.

Cincuenta y veinticinco años son siempre aniversarios especiales. Y, más aún, si dichos aniversarios son de la consagración religiosa a Dios en la Orden de San Agustín. Por eso, el día 24 de junio, en el Monasterio de Santa María de La Vid (Burgos) había tenido lugar la celebración religiosa. En esta, los religiosos  homenajeados estuvieron acompañados por otros hermanos de la Provincia, familiares y amigos. Pero la celebración no terminaba ahí.

Dos semanas después ponían rumbo a Tierra Santa, un grupo de dieciséis peregrinos agustinos. Entre ellos, los homenajeados y otros hermanos que, en su momento de celebración de su aniversario correspondiente, no pudieron realizar este viaje tan especial.

El P. Manolo García, OSA, Director de la Escuela Bíblica que llevan los agustinos en Madrid, acompañó al grupo como guía. Fueron diez días recorriendo los lugares más destacados e importantes de la historia de la salvación. Una peregrinación llevada a cabo no solo con los pies y los ojos, sino principalmente con el corazón.

Desde Nazaret

El agustino, P. Iván Pichel, ha sido uno de los participantes en esta peregrinación. «Nuestro primer cuartel general se estableció en Nazaret -explica-. Acompañados y guiados por Rommel, nuestro particular y querido zorro del desierto. Allí, a lo largo de tres jornadas, nos centramos en el misterio de la Anunciación y la llamada a los discípulos.

Mojando nuestros pies en el Mar de Genesaret, escuchamos la llamada a Pedro y a los discípulos. Y, cómo su seguimiento hace milagros en los panes multiplicados, en Cafarnaúm, pero sobre todo en el Sermón de la montaña. Son las Bienaventuranzas el auténtico milagro de la gracia que lo desborda todo y, a nosotros, nos anima a actualizar ese compromiso de trabajar y desgastarse por el reino.

Mecidos por la barca en medio del lago apacible, envueltos por el silencio y el calor, nos preguntamos quién era ese… que se puso a roncar mientras esperaba al Señor. Normal que luego tuviéramos que refrescarnos con las límpidas aguas del Jordán mientras renovábamos nuestro bautismo junto a una familia mexicana».

La figura de María

La figura de María también sirvió de brújula durante los días en Israel. La pequeña gruta en Nazaret, inicio de todo, convive en la actualidad con una comunidad local muy viva que celebra sus misas en árabe y acoge a todos lo que peregrinan hasta este lugar santo. María ilumina para descubrir cómo su generosidad y sencillez debe movernos a levantarnos y caminar hacia todos los que se cruzan con nosotros. «Como en Ain Karem, no es una visita -explica el P. Iván Pichel-, sino un encuentro de amor y servicio«.

Jordania

Tras los primeros días, el grupo se trasladó al reino Hashemita de Jordania. Durante tres días, sabiamente guiados por Wasif y Nabil, los peregrinos conocieron la realidad de un país que sorprende constantemente. Las impresionantes ciudades de Gerasa y Petra, junto a la ciudadela de Ammán, muestran la grandeza del ser humano y la belleza de este mundo que Dios ha creado.

De esta parte del viaje, el P. Iván Pichel destaca que somos herederos de grandes civilizaciones. Es importante saber de dónde venimos para conocernos mejor y, sobre todo, para querer y cuidar un poco más el entorno.

«Curiosamente -señala el religioso agustino-, una gran parte de nuestra peregrinación sucedió también en las alturas. Visitamos unos cuantos montes: el monte del precipicio, el monte Carmelo, el monte Tabor, el monte Nebo, el de las tentaciones, el monte de los Olivos… lugares donde Dios habla y se manifiesta para recordarnos que quiere estar cerca de nosotros. Más allá de las sobrecogedoras vistas que todos ellos nos regalaron, quedaba el silencio y el viento. En lo alto del Nebo, visión de la tierra prometida y del mar Muerto; y como decía Manolo: ‘Aquí huele a Moisés, aquí está el Señor’».

La gran Jerusalén

El último tramo del viaje fue en Jerusalén y alrededores, la ciudad santa y eterna de Oriente. Alrededor del misterio de la Natividad, el Belén del siglo XXI tan lleno de contrastes, que invitan al silencio y la oración. El grupo de agustinos rezó en la gruta de los pastores, donde entonaron emocionados el Adeste Fideles: «Recorrer las huellas de nuestro Señor, celebrar el Vía Crucis por las calles de Jerusalén y sumirnos en la oscuridad de Getsemaní, solo podía acabar en la basílica del Santo Sepulcro, postrados de rodillas ante el Calvario y la tumba de Cristo para aprender que los locales la llaman la iglesia de la resurrección. Nuestra peregrinación es, sobre todo, un canto a la gloria de la vida nueva».

Justo antes de coger el avión de vuelta,  el grupo celebró la última eucaristía en Emaús, invitación al testimonio y a compartir siempre en la mesa de la eucaristía y de la fraternidad el encuentro con nuestro Señor y los hermanos.

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