Pascua juvenil agustiniana en España y Portugal

En el corazón del año litúrgico, la vivencia del Triduo Santo se presenta como una experiencia decisiva para la vida de todo cristiano. Es un camino que conduce, desde la entrega y la cruz, hasta la luz de la Resurrección. En este marco, las Pascuas Juveniles organizadas por los agustinos en España y Portugal se han consolidado como una propuesta clave dentro de la pastoral juvenil de la Provincia de San Juan de Sahagún. Ofrecen, a cientos de jóvenes la oportunidad de vivir estos días con hondura, en comunidad y desde la espiritualidad de San Agustín. Lejos de ser solo un encuentro puntual, estas experiencias se revelan como verdaderos itinerarios de fe que acompañan, interpelan y fortalecen el compromiso cristiano de las nuevas generaciones.

España

Con el lema «Somos Comunidad Resucitada», más de 70 jóvenes de distintos lugares de España (Valencia, Alicante, Los Negrales, Colegio Buen Consejo de Madrid, León, San Agustín de Madrid y Valladolid) han participado en la Pascua en el Monasterio de La Vid, junto a los agustinos PP. Jesús, Maxi y Adrián, catequistas y toda la comunidad agustiniana de La Vid.

Además de todos los actos religiosos habituales en la Pascua (Triduo Pascual, Viacrucis y Acto Penitencial), durante estos días se han organizado oraciones, motivaciones, grupos de reflexión, talleres, tiempos de silencio, el Camino de Emaús, una gyncana y la velada final donde se creó un ambiente familiar para celebrar en comunidad y llevar a los lugares de origen la gran noticia de la Resurrección de Jesús.

De esta manera, los jóvenes, estudiantes desde 4º ESO hasta universitarios, celebraron en comunidad la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Testimonios

Jacobo, de Madrid, señala que al principio siempre da un poco de pereza porque supone quitar días de vacaciones: «Piensas, no van mis amigos, tengo que trabajar etc. Pero, cuando todo eso pasa y ya te encuentras ahí, todo cambia, te inundas, te llenas de un ambiente distinto, conoces gente maravillosa y, sobre todo, te emborrachas de Dios. Es simplemente maravilloso ver cómo cuatro días pueden alterar tanto tu vida, cómo pueden cambiar tu forma de ver el mundo. Y todo gracias a la ayuda de los demás y, sobre todo, de Jesús, que durante esta pascua ha sufrido, muerto y resucitado».

Ana María, de Alicante, subraya lo especial que ha sido para ella la Pascua en La Vid. «He podido fortalecer vínculos, crear nuevas amistades, compartir momentos únicos y, sobre todo, sentir a Dios en el corazón», señala.

Portugal

En Portugal, con el lema «¡Qué exageración!» participaron unos ochenta jóvenes, cuarenta en la parroquia agustina de Santa Iría y cuarenta en la de São Domingos da Rana. La dinámica de estos días ofreció a los dos grupos de jóvenes vivir momentos en su propia parroquia y otros de celebración compartida.

La Pascua fue guiada y organizada por los religiosos agustinos, aunque cada grupo de JAP asumió la responsabilidad de uno de los actos, como el Vía Crucis, la Hora Santa, la Adoración de la cruz, el Lavatorio de los pies o las oraciones de la mañana.

Durante estos cuatro días, en los momentos de reflexión se abordaron distintos temas de la pasión, muerte y resurrección en relación con la vida de cada uno. El tiempo del almuerzo en cada jornada fue el momento para compartir juntos, además del de las celebraciones litúrgicas.

El sábado se unieron las dos comunidades y los jóvenes pudieron recibir el sacramento de la reconciliación. Después del almuerzo compartido, uno de los grupos de la JAP preparó la actividad de la tarde.

Testimonios

«Cuando pensamos en todo lo que Jesús vivió por nosotros, cuando pensamos precisamente en la causa de su muerte, es natural que nos venga a la mente, ¡qué exageración! -señala Ariana-. ¿Era necesario todo esto? ¿Era necesario lavar los pies como símbolo de humildad? ¿Era necesario entregarse a una cruz?»

Esta joven portuguesa explica que estos días y todo lo vivido también te llevan a pensar que en nuestras propias vidas debemos dejar de creer que lo que Jesús pide es un exceso: «Ésta es también una invitación a dejar de ver su petición como algo exagerado y empezar a verla como lo mínimo para los hijos del Hombre».

Religiosos agustinos y jóvenes de las JAP señalan que, desde hace muchos años, las pascuas dan la oportunidad a los jóvenes de profundizar en el amor de Cristo.

«Sin ella -afirman- difícilmente asistiríamos a su humildad en el lavatorio de los pies, velaríamos al Señor en la noche anterior a su muerte o recorreríamos el camino con Él hasta el calvario. Sin ella, probablemente no adoraríamos la Cruz, símbolo de valentía y obediencia, no nos reuniríamos un sábado por la noche para desbordar de alegría al presenciar la resurrección de Jesús, ni tampoco llevaríamos a Cristo resucitado a las casas de los feligreses el domingo por la tarde».

El ritmo de vida actual es difícilmente compatible con el silencia. Por esto, estas experiencias permiten espacios en los que poder llevar la fe a la vida de cada uno y dejar que lo que sucede en el día a día esté iluminado por el Evangelio.

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