
La Cuaresma es una invitación a vivir una renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua. Es una propuesta para alcanzar la conversión del corazón, una llamada a volver a Dios, a través de la oración, la limosna y el ayuno. El papa León en su primer mensaje de Cuaresma afirma «que es una ocasión para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas». Con la celebración del Miércoles de Ceniza, las parroquias atendidas por los religiosos agustinos se preparan para vivir la Cuaresma como un tiempo privilegiado de conversión interior.
En las próximas semanas la dinámica parroquial pondrá el acento en la escucha de la Palabra, la vida comunitaria y la caridad fraterna, ejes centrales de la espiritualidad de san Agustín de Hipona. Inspiradas en su llamada a “volver al corazón”, estas comunidades pondrán el acento en la oración personal y comunitaria, la celebración cuidada de la liturgia y la reconciliación sacramental, invitando a los fieles a un camino sincero de búsqueda de Dios que transforme la vida cotidiana.
Asimismo, las parroquias agustinas impulsarán iniciativas concretas de solidaridad con los más necesitados, entendiendo que la conversión se expresa también en obras de misericordia y en el compromiso con quienes sufren.
Vía crucis, retiros, espacios de silencio y encuentros formativos ayudarán a profundizar en el misterio pascual, vivido siempre desde la dimensión comunitaria tan propia del carisma agustiniano.
Mallorca
Uno de estos lugares es la Iglesia del Socorro en Palma de Mallorca. El P. Jesús Miguel Benítez, prior de los agustinos de Palma de Mallorca que atiende el templo, a propósito del inicio de la Cuaresma ha afirmado que el mayor desafío para un cristiano hoy es «encontrarse a sí mismo». Según el religioso, vivimos en una época de superficialidad: «Estamos viviendo en la epidermis permanentemente», asegura.
En el contexto de la programación especial para el tiempo de Cuaresma, de una emisora de radio, ha propuesto ayunar de información»: «Estamos atiborrados de información, de propaganda, de discursos», afirma. A esto se suma un «consumismo horroroso» que califica como «cadenas de muerte», junto a las mentiras y la «opinología» sin un horizonte ético.
Y respecto al ayuno matiza que a menudo se malinterpreta y que no debe limitarse a la comida. El religioso agustino propone un «ayuno de tonterías» y de comodidad, que se traduzca en acciones concretas como atender a familiares, visitar enfermos o reencontrarse con amigos. «Salir de nosotros mismos» es fundamental, pues la interioridad debe conducir al encuentro con el otro.
Igual que en el resto de parroquias agustinas, en los próximos días se han programado charlas cuaresmales y oraciones que permitan el encuentro con Dios e impulsen ese camino de conversión que se propone durante la preparación a la Semana Santa.
El ayuno
La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana. Los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno. Además, es una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Pero, ¿por qué sigue teniendo sentido hoy?
Esta renuncia tiene un sentido y hay que entenderlo para vivirlo correctamente. Lo importante no es el hecho de no comer o no comer carne -aunque también es importante-, sino entender que este acto se realiza como penitencia, y para acercarse a Dios y a los hermanos, es un camino hacia la Pascua. Es la preparación para vivir la la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
El ayuno “vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).
