Mons. Luis Marín: El proceso sinodal debe llevarnos a un testimonio más coherente, claro, valiente y creativo, en medio del mundo

Además de Mons. Luis Marín, otros cuatro prelados agustinos participarán en la Asamblea General del Sínodo de Obispos: Mons. Robert Prevost; Mons. Lizardo Estrada Herrera; Mons. Edinson Edgardo Farfán Córdova y Mons. Donatus Aihmiosion Ogun.

Con la publicación del Instrumentum Laboris, termina la primera fase el proceso sinodal en el que la Iglesia Católica, en todo el mundo, ha estado inmersa, desde el año 2021.

La Secretaría General del Sínodo prepara ya la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos que se reunirá en Roma, del 4 al 29 del próximo mes de octubre, para profundizar en este documento. Además de obispos de los cinco continentes y de los representantes nombrados por las conferencias episcopales de distintos países, en los últimos días hemos conocido el listado de personas que, designadas por el Papa Francisco, también participarán en este importante evento eclesial.

Entre ellos, cinco religiosos agustinos: Mons. Robert Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos y Prior General Emérito de nuestra Orden; Mons. Lizardo Estrada Herrera, Secretario General de CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño); Mons. Edinson Edgardo Farfán Córdova, Obispo prelado de Chuquibambilla (Perú) y Mons. Donatus Aihmiosion Ogun, Obispo de Uromi (Nigeria).

Además del obispo agustino Mons. Luis Marín de San Martín que, como Subsecretario del Sínodo, ha vivido en primera persona, de un modo especial, todo este proceso, que como él mismo subraya, tiene que ver con la propia esencia de la Iglesia.

“El Instrumentum Laboris es una herramienta de trabajo, expresa qué es el proceso sinodal -afirma Mons. Luis Marín-. Manifiesta nuestra identidad como Iglesia y los retos de nuestra misión. Ofrece una oportunidad de profundizar en la fe y fortalecer la unión con el Señor, la fraternidad entre las personas y el amor a la iglesia. Son temas profundamente agustinianos”.

El documento, que se ha hecho público recientemente, en sentido estricto, no es un documento de la Santa Sede, sino de toda la Iglesia. Es un documento coral que recoge reflexiones de procedencias y acentos diversos, con el objetivo de profundizar en el papel que está llamado a desempeñar en la Iglesia.

El proceso sinodal no termina nunca

Las diócesis, congregaciones, movimientos, parroquias y comunidades ya han vivido la fase local y continental, pero Mons. Luis Marín explica que la sinodalidad de la Iglesia es un proceso vital en el que se va avanzando y que no termina nunca: “Implica a la Iglesia en el ser, el hacer y el estilo. Y se orienta a la coherencia: a robustecer la unión con Cristo y la comunión con los hermanos y hermanas con los que caminamos, con todos, porque la fe la vivimos en comunidad: vamos encontrando compañeros de camino, hermanos con los que avanzamos en la aventura apasionante del seguimiento de Cristo. Muy probablemente, después de esta Asamblea del Sínodo de los Obispos, la reflexión volverá de nuevo a las diócesis, para continuar juntos el proceso de discernimiento”.

EL 6 de febrero de 2021 el Papa Francisco nombró al religioso agustino Subsecretario del Sínodo. Desde entonces vive entregado a una labor tan apasionante como es impulsar y acompañar el proceso sinodal.

“Me hace vivir con mayor entusiasmo mi vocación -subraya-. Puedo experimentar la unidad de la Iglesia, que es unidad en el amor y también abrirme a la diversidad, a las diferencias, a la integración de los matices; igual que sucede en cualquier familia. Y la Iglesia es la Familia de Dios. Para mí es un don. Por lo demás, se trata de un trabajo enorme, en el que me he implicado personalmente muchísimo y que me está enriqueciendo también muchísimo”.

Dinamismo evangelizador

Muchos fieles se preguntan para qué sirve un Sínodo sobre la sinodalidad. Y Mons. Luis Marín de San Martín señala que esta propuesta del Papa Francisco “no está orientada, prioritariamente, a una reestructuración de la Iglesia o a lograr una mayor eficacia apostólica, que serán consecuencias, sino a lo que la Iglesia es, en sí misma”.

El lema del proceso sinodal, “Por una iglesia sinodal. Comunión, participación y misión”, resume muy bien el propósito de la dinámica eclesial de los últimos años: “No se trata solo de reflexionar o dialogar, sino de discernir cuál es la voluntad de Dios para nosotros en este momento de la historia y, en consecuencia, tomar las decisiones oportunas. También debe traducirse en una Iglesia que tiene como eje el amor y que, por tanto, no está polarizada, sino que se enriquece con la variedad; una Iglesia que integra los diferentes ministerios, carismas y vocaciones y se abre a la participación y a la corresponsabilidad, desde la igualdad básica de todos los bautizados”.

En definitiva, afirma el obispo agustino “el proceso sinodal debe llevarnos a un testimonio más coherente, claro, valiente y creativo en medio del mundo”. Y añade: “Habrá que revisar estructuras, tomar decisiones en el campo de la evangelización, renovar modos y formas. Todo esto vendrá como consecuencia. No podemos quedarnos en una Iglesia autorreferencial, sino orientarnos a una Iglesia que encuentra en el proceso sinodal un impulso de renovación y, por tanto, de esperanza”.

Las diferencias enriquecen

El obispo agustino habla también de una pedagogía de las tres “p”, paciencia, perseverancia y presencia. Porque todo este trabajo en el que la Iglesia está inmersa, también tiene que ver con la integración de las diferentes vocaciones y espiritualidades. Algo que obliga a los católicos a abrirse a una iglesia no clericalizada, no piramidal, “que no busca el poder, sino el servicio, donde cada uno desarrolla su vocación no de manera aislada o en competencia con los demás, sino como encuentro y donación”.

El proceso sinodal ha puesto a la Iglesia Católica en camino, pero se ha vivido de un modo diferente, atendiendo a los distintos países, vocaciones y realidades eclesiales. Mons. Luis Marín explica que el mensaje ha sido comprendido mejor en la vida consagrada, que vive y expresa la sinodalidad de forma más clara en su vida y estructuras. Del mismo modo, el proceso ha encontrado una acogida más entusiasta entre los laicos. Y en cuanto a continentes, señala que América Latina va por delante, porque tiene una trayectoria de muchos años en el desarrollo de la sinodalidad.

San Agustín y la sinodalidad

En relación a la espiritualidad agustiniana, en la que Mons Luis Marín de San Martín se ha formado, el obispo agustino subraya que San Agustín siempre es un referente, también si hablamos de sinodalidad: “San Agustín es maestro, testigo y compañero de camino. En su impresionante magisterio encontramos muchas claves sinodales. Tenemos su propuesta de interioridad, que orienta al verdadero discernimiento. Su idea del Cristo Total:  la comunión en Cristo resucitado, que nos hace vivir inseparablemente la realidad eclesial. También el servicio generoso y la disponibilidad a las necesidades de la Iglesia, para que el Evangelio llegue a todos los rincones. Y todo ello desde la propuesta de vida consagrada y comunitaria: la unión de almas y corazones hacia Dios. En esta línea, la Orden de San Agustín es profundamente sinodal en el carisma, la espiritualidad y las estructuras, como resulta evidente si contemplamos su historia. Podemos decir que la Orden es experta en sinodalidad“.

“Por eso, el proceso sinodal en la Orden de San Agustín -subraya Mons. Luis Marín-, nos estimula a sacudirnos rutinas e inercias para abrirnos a la renovación profunda, a la autenticidad. Solo la coherencia puede producir entusiasmo. Pero nuestro carisma no es etéreo, sino que se concreta en las particulares circunstancias de tiempo, lugar y cultura. Para ayudar en este proceso existe una Comisión específica en la Orden que colabora con las circunscripciones. Es una alegría saber que ya se ha iniciado un discernimiento a nivel general que debe continuar y acelerarse. También el Encuentro Juvenil Agustiniano y la Jornada Mundial de la Juventud, que ahora se celebran, deben impulsar y estimular decididamente los procesos de renovación verdadera. La Orden no debe replegarse, sino salir, arriesgar“.

Claves para seguir caminando

Como agustino, Mons. Luis Marín apunta algunas líneas de discernimiento: “Ante todo profundizar en el carisma, lo que nos lleva a priorizar de forma clara la vida comunitaria. Por otra parte, cuidar la interioridad y la calidad de la oración, tanto personal como comunitaria. Es decir, no separados, sino integrados en la comunidad cristiana. Y, por último, potenciar la referencia a la Sagrada Escritura y la centralidad eucarística de forma no teórica, sino concreta y vivencial”.

Lograr una mayor interrelación entre los tres grupos que forman la Orden de San Agustín (frailes, monjas y laicos miembros de fraternidades) es un reto que se platea en la conversación con el obispo, sobre todo en lo que tiene que ver con la misión compartida y la formación. “En especial desarrollar el diálogo entre todos, para un enriquecimiento mutuo -comenta- y replantear la evangelización como clave de nuestros apostolados. Otros ámbitos importantísimos a los cuales creo que debemos acercarnos más son las periferias religiosas y existenciales, el mundo de la cultura y el mundo digital. Estos retos requieren la implicación de todos“.

“Espero y deseo que la Orden de San Agustín, mi familia, a la que amo con todas mis fuerzas, sea maestra en sinodalidad (comunión en el camino, con todo lo que significa) y sepa situarse siempre en la vanguardia de la Iglesia. Con valentía y creatividad. Con entusiasmo“.

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