Evangelio del XXII Domingo del T.O., según San Agustín: «Niégate a ti, pero no niegues a Dios» (Mt 16, 21-27)

Hoy en el Evangelio vemos cómo Jesús nos invita a que reneguemos de nosotros mismos, no como hizo Pedro, que quería un camino fácil, sin cruz, sin pasión.

Jesús nos dice que no hay otro camino para seguirle que el camino de la renuncia de todo lo malo de este mundo,. El Evangelio invita a rechazar todo lo que nos cierra el paso a Él, aunque algunas veces seamos nosotros mismos los que podamos ser el impedimento para caminar tras sus pasos.

No desperdiciemos nuestras vidas y sembremos pensando en la vida eterna. Es a esta vida a la que nos invita Jesús.

Negarse a uno mismo

Veamos, pues, qué es el niéguese a sí mismo. Pues grande es, amadísimos hermanos, la recompensa que se nos propone. Acabamos de escuchar la confesión del bienaventurado mártir Cipriano: «Yo adoro a un único Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos». Calla Dios, pero hablan sus obras. Ved a qué Dios, a cuál Dios; mejor, no tal o cual, sino simplemente el Dios en quien creyó Cipriano.

¿Qué significa, entonces, niéguese a sí mismo? Niégate. ¿Y qué significa esto? ¿Se te obliga a negar a Dios?

Niégate a ti, pero no niegues a Dios. No ames esta vida temporal y no te opongas a la vida eterna; más aún, cede ante la vida eterna para hacerte eterno también tú; niégate para confesar a Dios; niégate, hombre, para ser hecho como los ángeles; niégate, hombre mortal, para que, después de haber confesado a Dios, merezcas vivir por siempre.

Advierte que amas la vida temporal: no quieres negarla a ella, pero quieres negar a Dios. Si Dios, a quien negaste y a quien no quisiste confesar, se aparta de ti, tendrás la vida temporal, que no quisiste negar. Veamos, pues, por cuánto tiempo has de durar en esta vida. Llegará el mañana, y después del mañana, otro día, y después de muchos más llegará el fin. ¿Y adónde irás? ¿Adónde saldrás? Ciertamente, hacia Dios, a quien negaste. ¡Oh desgraciado e infeliz! Has negado a Dios y, quieras o no, has perdido también la vida temporal.

Vivir por siempre

En efecto, esta vida, hermanos amadísimos, queramos o no, pasa, corre; neguémonos, pues, en esta vida temporal para merecer vivir por siempre. Niégate a ti, confiesa a Dios. ¿Amas tu alma? Piérdela. Pero me dirás: «¿Cómo voy a perder lo que amo?» Es lo que haces en tu casa. Amas el trigo, y esparces ese trigo que con tanto cuidado habías almacenado en tu granero, que con tanta fatiga de siega y trilla habías limpiado; ya guardado y limpio, cuando llega la sementera, lo arrojas, lo esparces, lo cubres de tierra para no ver lo que esparces. Mira cómo, por amor al trigo, esparces el trigo; esparce la vida por amor a la vida; pierde tu alma por amor a ella, puesto que, una vez que la hayas perdido por Dios en este tiempo, la encontrarás en el futuro para que viva eternamente. Esparce, pues, la vida por amor a la vida.

Sermón 313 D, 2

También te puede interesar

Las Agustinas, en la Escuela de verano de Le Cordon Bleu

Sor Rosario y Sor Asteria, dos religiosas agustinas contemplativas, del Monasterio de Fregenal de la Sierra, han participado en el curso de repostería, organizado...

Evangelio del XIV Domingo del T.O., según San Agustín

Muchas veces pensamos que es más sencillo el camino que vemos cómodo, fácil. Pero ir por ese camino no siempre es lo mejor. Por...

Actividades de fin de curso de La Escolanía del Escorial

La Escolanía del Escorial ha cerrado el curso académico con una intensa agenda de actividades que ha permitido a sus alumnos vivir experiencias musicales,...

Religiosos agustinos celebran los 25, 50 y 75 años de profesión

El día 27 de junio se llevó a cabo, en el Monasterio de Santa María de la Vid, Burgos, la celebración de las bodas...