Evangelio del XVI Domingo del T.O., según San Agustín: «Si siempre fuiste bueno, ten misericordia; si alguna vez fuiste malo, no lo olvides» (Mt 13, 24-30)

Evangelio del XVI Domingo

En el Evangelio de este domingo, se hace una invitación a que tengamos paciencia y a que seamos tolerantes.

Muchas veces nos quejamos porque, según nosotros, hay personas malas viviendo entre los buenos. Y decimos que no se hace nada…

Por eso viene bien recordar este pasaje, que recuerda que es el Señor quien dirá cuándo será el momento de la siega y, cuándo será el momento de separar el trigo y la cizaña.

No nos creamos nosotros buenos, porque igual somos un poco cizaña que tiene que convertirse. Recordemos que la paciencia de Dios es nuestra salvación.

Paciencia

Y vosotras -dice- ovejas mías, esto dice el Señor Dios: Ved que yo juzgo entre oveja y oveja, y entre los carneros y los machos cabríos. ¿Qué hacen aquí los machos cabríos en el rebaño de Dios? Están en los mismos pastos, en las mismas fuentes. En un primer momento se tolera a los que luego serán apartados: y aquí se ejercita la paciencia de las ovejas a semejanza de la paciencia de Dios. Llegará el momento de la separación que hará él: los unos, a la izquierda; los otros, a la derecha. Ahora él calla, tú quieres hablar. Mas ¿por qué digo que quieres hablar? Porque él calla: calla en cuanto que no juzga, ni castiga, no en cuanto que no corrija. Él aún no separa, y tú ya quieres separar.

El que sembró tolera que se mezcle la cizaña. Si, en cuanto trigo, quieres hallarte limpio antes de la cosecha, mal te aventará tu pésimo viento. Supongamos que hubiera sido lícito a los siervos decir: ¿Quieres que vayamos y recojamos la cizaña? Se les indigestó ver la cizaña y lamentaron verla mezclada con tan buena cosecha. Y dijeron: ¿No sembraste buena semilla? ¿Cómo, pues, apareció la cizaña? Él se lo explicó; sin embargo, no permitió que la arrancaran antes de tiempo.

Separar cizaña y trigo

Aunque los siervos mismos estaban molestos con la cizaña, con todo pidieron el consejo y la orden del dueño. Les disgustaba que la cizaña se hallase en la cosecha; pero los siervos veían que, si hacían algo por su propia cuenta, incluso el arrancar la cizaña, ellos mismos serían contados entre la cizaña. Esperaron que el dueño se lo mandase, esperaron el mandato de su rey: ¿Quieres que vayamos y la recojamos? Él dijo: No, indicándoles el motivo: No sea que, al querer recoger la cizaña, arranquéis también el trigo. Calmó su indignación y no los dejó con el sufrimiento. Cosa grave parecía a los siervos que hubiese cizaña entre el trigo, y ciertamente lo era. Pero una cosa es estar en el campo y otra reposar en el granero. Tolera; para esto has nacido; tolera, pues tal vez te toleran a ti. Si siempre fuiste bueno, ten misericordia; si alguna vez fuiste malo, no lo olvides. ¿Y quién es siempre bueno? Si Dios te examinara atentamente, más fácil le resultaría a él descubrir que eres malo ahora que a ti demostrar que siempre fuiste bueno. Así, pues, hay que tolerar esta cizaña entre el trigo.

Ved, hermanos, cómo a aquellos siervos que querían arrancar la cizaña antes de tiempo no les permitió que lo hicieran ni siquiera en la siega. Dice, en efecto: En tiempo de la siega diré a los segadores. No dice: «Os diré a vosotros». Entonces qué, ¿serán los siervos mismos los segadores? No. Pues, exponiendo todo con detalle, dice: Los segadores son los ángeles. Tú, hombre vestido de carne, que arrastras la carne, o que tal vez no eres más que carne, es decir, carne en el cuerpo y carnal en el espíritu, ¿te atreves a usurpar antes de tiempo un oficio ajeno que ni siquiera en la siega será tuyo?

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