Evangelio del V Domingo del Tiempo Ordinario, según San Agustín

El evangelio de este domingo advierte de la tentación de creernos mejores que los demás o buscar que nos alaben por lo que hacemos.

En el evangelio de este domingo el Señor Jesús nos advierte de no caer en la tentación de creernos mejores que los demás, de buscar que nos alaben por las cosas buenas que hacemos, que nos llenemos de vanagloria. Claro que las buenas obras deber ser vistas por los demás para que la imiten, para que sigan al Señor. No las hacemos para que nos llenemos de aplausos y alabanzas; si lo hacemos así, nos llenamos nosotros de arrogancia y vanidad y no nos aprovecharían en nada a nosotros. Hagamos las cosas buenas para que las vea Dios y no para recibir premios de las personas.

Buenas obras

Cuando se muestran a los hombres las buenas obras, incluso las que se hacen por Dios, puesto que se trata de obras de hombres piadosos y buenos, no se reclaman alabanzas humanas, sino que se proponen para que sean imitadas. La obra buena contiene un doble efecto misericordioso: uno espiritual y otro corporal.

Misericordia

Con la misericordia corporal se socorre a los hambrientos, a los sedientos, a los desnudos y forasteros; pero, cuando se muestran estas mismas obras, a la vez que provocan a la imitación, alimentan también los espíritus y las mentes. Uno se alimenta con la obra buena y el otro con el buen ejemplo, pues ambos tienen hambre. Uno quiere recibir para alimentarse y el otro quiere ver algo que imitar. La lectura del evangelio que acaba de leerse nos habla de esta verdad.

En efecto, a los cristianos que creen en Dios, que obran el bien y que mantienen la esperanza de la vida eterna como recompensa a sus buenas obras se les dice: Vosotros sois la luz del mundo. Y a la Iglesia entera difundida por todos los lugares se le dice: No puede esconderse una ciudad construida sobre un monte. En los últimos tiempos —dice— será manifiesto el monte del Señor, dispuesto en la cima de los montes. Él es el monte que creció a partir de una pequeña piedra y, creciendo, llenó el orbe entero. Sobre él se edifica la
Iglesia, que no puede ocultarse.

Mostrar lo bueno

Tal vez a alguno se le ocurre pensar que el Señor manda que las buenas obras sean como escondidas allí donde dice: Guardaos de realizar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los
cielos. Por si se diera el caso, hay que resolver esta cuestión para saber cómo hemos de obedecer al Señor y cómo no podemos obedecerle cuando le escuchamos ordenar cosas contradictorias. En un lugar dice: Brillen vuestras obras delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras; y en otro: Guardaos de realizar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos. 

Pero el Señor no mandó que se ocultasen las buenas obras, sino que no se pensase en la alabanza humana al hacer esas buenas obras. Además, cuando dijo: Guardaos de realizar vuestra justicia delante de los hombres, ¿cómo acabó? Para ser vistos por ellos, es decir, que las hagan para ser vistos por los hombres, que sea ése el fruto que busquen de sus buenas obras y ese consigan; que no esperen ninguna otra cosa ni deseen ningún otro bien superior y celestial.

Si lo hacen solo para ser alabados, eso es lo que prohibió el Señor. Guardaos de realizar. ¿Cómo? Para ser vistos por ellos. Guardaos de buscar este fruto: ser vistos por los hombres.

Sermón 338, 1.3

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