Cuatro días que cambiaron la Historia: Sábado Santo

Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección son cuatro días que cambiaron la Historia.

Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección son cuatro días que cambiaron la Historia y que cada año los cristianos celebramos para recordar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. La reflexión del Sábado Santo llega desde el Monasterio de Santa María de Gracia, que las MM. Agustinas tienen en Madrigal de las Altas Torres.

Recordando qué es el sábado para los judíos, nos dirigimos al libro del Éxodo 35 2, que nos dice «Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo será sagrado para vosotros, día de descanso completo en honor del Señor. Cualquiera que trabaje ese día, morirá”.

Por esto para el pueblo de Israel era importantísimo el sábado. Nos lo recuerda este mismo libro en el capítulo 20 8. “Recuerda el día del sábado para santificarlo”, nos aclara en su nota que sábado (Sabbat) significa “cesar”, “descansar”.

Es un día de reposo semanal consagrado al Señor que descansó el séptimo día de la creación, como nos lo dice el libro del génesis 2 2-3. “Y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y ceso en el día séptimo de toda la labor que hiciera”. Así que, si lo instituyó el Señor, sabemos que es sagrado.

Espera

No en vano, nos lo recordaba Nuestro Señor Jesucristo en los evangelios cuando estando con sus discípulos hacía curaciones en sábado y respondía a los fariseos y doctores de la ley (Mt 12 1s – Lc 13 10ss – Lc 14 1s): “Porque el Hijo del hombre es señor del sábado” (Mt 12 8).

Del día del sábado que se había convertido en un espíritu legalista de cumplimiento y agobio, Jesús lo transformó y lo enseñó a sus discípulos; convirtiéndolo en día de alegría, de amor, de servicio de entrega a los demás.

Se hace notar este día “sábado” según el paso del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento; Dios nos lo dio desde el principio para consagrarlo para verlo a Él, estar con Él, seguirlo a Él en fin, darle el lugar que le corresponde, como en su tiempo lo hizo el pueblo de Israel a pesar de sus debilidades.

Y así nos lo dio con su Hijo hecho carne en el Nuevo Testamento, Él es el sábado, por esto lo hace santo y hoy la Iglesia lo mantiene en este tiempo final de la Cuaresma. Siendo la culminación de el Santo Triduo pascual, el sábado, el grande y Santo Sábado como nos lo recuerda la lectura del oficio este día.

Soledad

Día de silencio, soledad, espera, búsqueda, Dios hombre nos busca como fue en busca de nuestro primer padre, quiere visitar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte. El Señor duerme pero lo vemos atendiendo a los que nos encontramos en verdadera muerte, no duerme egoístamente si no por nosotros, así como fue a buscar a nuestros padres al abismo, nos busca y busca a todo aquel que escucha su voz cuando nos dice: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz”.

Esta es la gran importancia del sábado, ¿Quién es el Señor del sábado? ¿Qué realizamos en sábado? ¿Para qué buscamos el sábado?

Busquemos el descanso como nos invita el salmo 94 que rezamos todos los días “Durante cuarenta años aquella generación me asqueó, y dije: es un pueblo de corazón extraviado que no reconoce mi camino; por eso por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso”.

Si hemos pasado el viernes al lado de la cruz, el sábado lo pasaremos al lado de la Virgen, ella sí que ha vivido este sábado, en esperanza, en amor, en silencio y con toda la Fe que el Padre le concedió. Junto a ella pasemos nosotros este sábado que seguramente lo veremos glorioso y Redentor.

A ti Virgen, Madre bendita,
Tan sola y afligida,
Herida por la espada del dolor.
Sin Hijo, desolada….
Acepta mi callada compañía
Te doy todo mi amor.

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