
En las treinta parroquias y templos de España atendidos por religiosos agustinos, la Navidad se vive como un tiempo privilegiado para volver al corazón del misterio cristiano: Dios que sale al encuentro del ser humano y se hace cercano. Siguiendo la espiritualidad de san Agustín, la contemplación del Niño de Belén invita a mirar hacia dentro, a reconocer que el Verbo que nace en la humildad del pesebre, desea también nacer en el interior de cada persona. En este tiempo, los religiosos agustinos animan a vivir una fe encarnada, que se traduzca en gestos de cercanía, acogida y servicio, haciendo visible que la luz de Belén sigue brillando hoy en cada comunidad y en cada corazón dispuesto a acogerla.
La encarnación recuerda que Dios no permanece lejano, sino que entra en la historia y en la vida concreta de los hombres y mujeres, iluminando sus búsquedas, sus dudas y sus anhelos más profundos.
Esta celebración adquiere un fuerte sentido comunitario en las parroquias y templos agustinos, donde la Navidad se convierte en una llamada a caminar juntos. Como enseñaba san Agustín, nadie se salva solo y el Dios hecho niño congrega cada año a la comunidad en torno a belenes, rastrillos, cabalgatas, concursos de villancicos, árboles de los deseos y celebraciones especiales con las que los fieles viven la fraternidad, la solidaridad y la esperanza.
A continuación, mostramos un resumen de los momentos más bonitos, vividos en las parroquias y templos agustinos en las últimas semanas.



















