CMU San Agustín: una comunidad que crece sirviendo a los demás

Durante el curso 47 colegiales del Colegio Mayor Universitario San Agustín participarán en siete proyectos de voluntariado.

El Colegio Mayor San Agustín de Madrid ofrece una formación integral que va más allá de lo académico. Durante el curso 2026-2027, 47 colegiales participarán en siete proyectos de voluntariado; una oportunidad para poner su tiempo y sus capacidades al servicio de otras personas, para acercarse a realidades diferentes y crecer en valores humanos y cristianos.

Cinco de estos voluntariados están impulsados por la Pastoral Conjunta de Colegios Mayores y Residencias Universitarias de Madrid y se desarrollan en el Hospital Clínico San Carlos, la Residencia Justo Dorado, el Comedor Social San Francisco, el Colegio San Antonio —donde los colegiales realizan apoyo escolar— y EDIW, una plataforma de enseñanza online dirigida a niños de África, América Latina y Asia. A ellos se suman otros dos proyectos: uno en colaboración con Cáritas, en la parroquia de San Basilio, en Usera, y otro en el área de salud mental del Hospital Clínico San Carlos.

Importancia de la formación

Antes de incorporarse a los proyectos, los voluntarios participan en una semana de formación, que les ayuda a conocer mejor la realidad en la que van a colaborar y a prepararse para desarrollar su servicio con responsabilidad y sensibilidad. Durante el curso, la propuesta se completa con otras iniciativas puntuales organizadas por la Pastoral Conjunta, como recogidas de alimentos para el comedor social, una visita navideña a los mayores de la Residencia Justo Dorado o una feria de abril compartida con ellos.

Una experiencia que transforma

Aunque cada proyecto tiene sus propias características, todos comparten un mismo objetivo: favorecer el encuentro con el otro y descubrir que el tiempo entregado a los demás también transforma a quien lo ofrece.

Para Pilar de Abbad, voluntaria en el hospital, se trata de una oportunidad para acompañar a personas que atraviesan momentos difíciles. «Algo tan sencillo como escuchar, conversar o estar presente puede hacer que una persona se sienta un poco mejor», explica. Una experiencia que también ha marcado a Marta Andrés López, que participa en el voluntariado del Hospital Clínico San Carlos y coordina, junto a Santiago Cotano, la Comisión de Voluntariado del Colegio Mayor.

«Visitar a los enfermos y dedicarles ese ratito de conversación y escucha puede parecer una obra hacia el otro, sin embargo, yo misma salgo ganando en esos encuentros», reconoce. El contacto con los pacientes, añade, le ha ayudado a ser más compasiva, paciente y agradecida: «He podido comprobar en primera persona que entregarse al prójimo es lo que nos llena».

Escuchar y compartir

También Juan Rivas, voluntario en el Clínico, destaca el aprendizaje que encuentra cada semana en las conversaciones con los pacientes y con los capellanes. Sus historias personales, sus trabajos, sus familias y sus experiencias se han convertido para él en una oportunidad para descubrir otras realidades y «replantearse muchos aspectos» de su propia vida.

El voluntariado permite acercarse a situaciones de vulnerabilidad desde otros ámbitos. José Rubio, que participa en el apoyo escolar del Colegio San Antonio, valora especialmente el encuentro con niños que viven situaciones económicas y sociales difíciles. Más allá de ayudarles con sus tareas, explica, también hay tiempo para conversar o jugar. «A la vez que creces como persona, estás ayudando a otras personas», afirma.

Para Santiago Cotano, el voluntariado tiene además una dimensión de fe vivida: «Aporta un enlace para poder vivir como verdaderos cristianos en la práctica, ayuda a tratar a los demás, agradecer por todo lo que damos por sentado y empatizar con el prójimo». En su opinión, acompañar a quienes atraviesan momentos de dificultad es una forma concreta de ofrecerles «un acompañamiento digno y más humano».

Experiencia que deja huella

Los voluntariados forman parte de la propuesta educativa del Colegio Mayor San Agustín, que busca acompañar a los jóvenes en todas las dimensiones de su crecimiento. La formación académica se complementa así con experiencias que les ayudan a desarrollar valores como la empatía, la responsabilidad, la solidaridad y la capacidad de servicio.

Esta propuesta de voluntariado está enraizazda en la fe, que lleva al servicio y al deseo de servir al prójimo. Pero es una propuesta que se ofrece a todos los colegiales, sean o no creyentes. En este sentido, el voluntariado se convierte en una oportunidad para dar a conocer y vivir algunos de los rasgos propios de la espiritualidad agustiniana: salir al encuentro del otro, descubrir al hermano como compañero de camino y construir comunidad desde la entrega y el servicio.

Durante el curso, los colegiales que participen en estos proyectos, vivirán una experiencia que no solo dejará huella en quienes reciben ese servicio, sino también en quienes aprenden, a través de él, a mirar la realidad con otros ojos.

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