
La visita del Santo Padre a Argelia está dejando una profunda huella espiritual y eclesial, especialmente entre los miembros de la familia agustiniana que han tenido la gracia de acompañarlo en estos días. Desde esta tierra marcada por la memoria de san Agustín, resuenan testimonios que subrayan la unidad, la fe compartida y la esperanza en medio de la diversidad.
El padre Martin Davakan, OSA, consejero general de la Orden de San Agustín, ha compartido su vivencia de este momento histórico con palabras cargadas de emoción y gratitud. “Es una gran gracia para mí poder vivir esto tan de cerca”, afirma, destacando especialmente los encuentros entre cristianos y musulmanes que han marcado estos días.
Uno de los momentos más significativos ha sido la oración en la Basílica de Nuestra Señora de África, donde creyentes de distintas confesiones se han reunido en un mismo espíritu. Para el padre Davakan, esta experiencia es profundamente reveladora:
“La religión, en su diversidad, puede ser un verdadero signo de unidad, aunque a veces la mente también se convierta en motivo de división”.
Herencia viva de san Agustín
La presencia en Argelia adquiere un significado especial para los agustinos, al tratarse de la tierra natal de san Agustín. “Esta tierra me hace pensar todos los días en él y en todo lo que Argelia ha dado al mundo”, señala el consejero general, recordando la enseñanza agustiniana sobre la diversidad como riqueza.
En este contexto, la llamada a la unidad se hace particularmente elocuente: “Estamos llamados a buscar la unidad en la diversidad y a caminar juntos”. La visita a Hipona —actual Annaba—, donde san Agustín vivió y predicó, ha sido para él “una inmensa bendición”, vivida en comunión con el Santo Padre, hijo también de san Agustín, y con los hermanos de la Orden.
El padre Davakan subraya además el carácter universal de este momento eclesial:
“Aquí, reunidos en torno al Santo Padre, llevamos en nuestro corazón a toda la familia agustiniana, a toda la Iglesia, a toda la humanidad en su gran diversidad que encomendamos al Señor”.
Días de alegría y gracia para la Orden
Por su parte, el padre Joseph Farrell, OSA, Prior General de la Orden de San Agustín, ha definido estos días como “días de alegría y días de gracia”, al reflexionar sobre la experiencia vivida junto al Papa en Argelia.
Durante la visita, han podido compartir momentos significativos tanto en Argel como en Annaba, incluyendo encuentros con las religiosas misioneras agustinas y con los frailes que desarrollan su ministerio en el país. “Damos gracias a Dios”, afirma el prior general, destacando el testimonio de vida de las hermanas Esther y Caridad, cuyo ejemplo sigue proclamando el Evangelio con fuerza y sencillez.
Un testimonio de paz y unidad
Uno de los signos más elocuentes de la visita ha sido la celebración en la Basílica de la Paz, en Annaba, un lugar cargado de simbolismo. “Una basílica que se alza sobre una colina como signo para esta comunidad de que la paz es posible”, explica el padre Farrell, subrayando que la paz es el camino para construir la unidad entre los pueblos.
La participación conjunta de la comunidad civil y religiosa en este espacio ha sido un testimonio visible de comunión y esperanza. En este sentido, el prior general ha querido destacar el valor del mensaje que el Santo Padre lleva consigo: el anuncio del Evangelio, la celebración de la fe cristiana y la alegría pascual que brota de ella.
Oración por el Papa y su misión
La Orden de San Agustín continúa acompañando espiritualmente al Santo Padre en su recorrido por África. “Seguimos orando por el Papa León y por todos los que lo acompañan en su viaje”, ha señalado el padre Farrell, confiando en que este mensaje de unidad, fe y esperanza siga dando fruto en todos los lugares que visita.
Desde Argelia, tierra de san Agustín, la Iglesia vuelve a recordar que la diversidad no es obstáculo, sino camino hacia una comunión más profunda, donde la paz y la fraternidad se convierten en signo creíble del Evangelio en el mundo.
