
El Colegio San Agustín de Madrid acogió el XXXII Aula Agustiniana de Educación (AAE26), organizada por la FAE (Federación Agustiniana Española), los días 21 y 22 de febrero. Un encuentro formativo de referencia para docentes y educadores de la familia agustiniana, que este año se ha celebrado con el lema «IA con corazón docente» y en el que han participado 450 docentes.
En esta ocasión han estado representados 46 colegios de toda España, de seis congregaciones distintas: Agustinos, Agustinos Recoletos, Agustinas Misioneras, Misioneras Agustinas Recoletas, Agustinas del Amparo y Agustinas contemplativas.
Sábado 21 de febrero
En la inauguración, la Hna. Ana María Guantay, superiora general de las Agustinas Misioneras se refirió al contexto cultural profundamente atravesado por la aceleración tecnológica y subrayó que este momento representa “una oportunidad muy valiosa” para la educación agustiniana.
Lejos de plantear la inteligencia artificial como amenaza, la presentó como provocación y desafío. La clave – afirmó -es no perder la raíz: la interioridad, el encuentro y la comunidad. En un mundo marcado por la hiperconectividad y la exterioridad constante, el pensamiento de san Agustín ofrece un anclaje sólido: volver al corazón para vivir arraigados en este tiempo.
La religiosa insistió en una dinámica pedagógica esencial: maestros y alumnos caminan juntos. “Nosotros solos no lo vamos a hacer”. La relación educativa se entiende como proceso mutuo de aprendizaje, donde la humildad y la comunión fortalecen la identidad agustiniana.
El sábado también intervinieron Tirso Maldonado y César Poyatos, aportando una reflexión complementaria desde el ámbito de la innovación educativa.
Maldonado advirtió del error de implantar tecnologías sin una transformación real de procesos y mentalidades. La inteligencia artificial no puede tratarse como un simple buscador; requiere comprensión profunda, formación en el diseño de prompts y una estrategia clara centrada en las personas.
Por su parte, Poyatos insistió en que “prohibir no educa”. Frente al miedo, propuso alfabetización digital crítica, ética y segura. Señaló riesgos reales – desinformación, sesgos y desigualdad -, pero también el potencial de la IA para personalizar el aprendizaje, siempre con el docente como mediador insustituible.
La jornada concluyó con un concierto de la Escolanía del Escorial, una muestra de que la educación integral incluye también la dimensión estética y espiritual.
Domingo, 22 de febrero
La jornada del domingo comenzó con la celebración de la Eucaristía, presidida por Fr. Carlos González Castellanos, OAR, Prior Provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino, junto a una veintena de sacerdotes. Una celebración de acción de gracias por el encuentro, súplica por la apertura de los colegios a las nuevas tecnologías y memoria agradecida de los educadores que han precedido en la misión agustiniana en España.
En su homilía, Fr. Carlos situó el Aula en clave cuaresmal: conversión, interioridad y superación de las tentaciones. Recordó que el verdadero progreso nace del corazón y que la prudencia – no la exhibición ni el riesgo innecesario – es camino seguro ante los desafíos. Oración, ayuno y limosna fueron presentados como “alas” que elevan la vida espiritual y sostienen cualquier renovación auténtica.
La reflexión académica continuó con la ponencia de Charo Fernández Aguirre, quien puso el foco hacia la dimensión antropológica y pastoral. La inteligencia artificial puede asistir, organizar y optimizar procesos, pero no puede sustituir el acompañamiento humano.
Educar es acompañar, discernir y sostener. La tecnología interpela el corazón docente, pero no lo reemplaza. La clave no es optar entre persona o herramienta, sino formar criterio para pensar con la tecnología y sobre la tecnología.
En la clausura, Fr. Antonio Carrón de la Torre, OAR, consejero general y responsable de la Red Educar. En un momento histórico en el que la Iglesia reflexiona activamente sobre la inteligencia artificial, recordó que la persona debe permanecer siempre en el centro.
Propuso tres líneas claras: educar para la IA (competencia ética y crítica), educar sobre la IA (comprender su funcionamiento) y educar con la IA (integrarla pedagógicamente). Siempre evitando absolutizar la herramienta y reafirmando que el fundamento de la misión educativa cristiana es Jesucristo.
Un año más el aula agustiniana ha sido lugar de encuentro y reflexión para muchos docentes que viven su vocación desde la espiritualidad agustiniana.




