Comienza la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza

Con la celebración del Miércoles de Ceniza se celebra el inicio de la Cuaresma, tiempo de conversión y de preparación de la Semana Santa.

Con la celebración del Miércoles de Ceniza comienza la Cuaresma, un tiempo de conversión y preparación espiritual para la Pascua. Esta jornada marca el comienzo de los 40 días de penitencia y es una de las tradiciones litúrgicas más significativas para los católicos, que se prepara con mucho esmero en colegios y parroquias agustinas. En Roma, el Papa León XIV presidirá una procesión penitencial desde la Iglesia de San Anselmo, seguida de la Misa con la bendición e imposición de cenizas en la Basílica de Santa Sabina, en el Aventino, una de las siete colinas de Roma. Ésta será la primera Semana Santa como Pontífice.

El Misal Romano indica que, durante la celebración de este día, se bendice y se impone la ceniza obtenida al quemar las palmas y ramos del Domingo de Ramos del año anterior. Estos restos secos se incineran, se trituran hasta convertirlos en un polvo fino, se tamizan y, a menudo, se aromatizan con incienso para ser bendecidos antes de la imposición en la frente.

La ceniza

La imposición de la ceniza encierra una simbología muy rica que se remonta a la Iglesia primitiva, y que tiene que ver no solo con un aspecto penitencial, sino también con la invitación a hacer una transformación y conversión personal.

En el Antiguo Testamento, por ejemplo, las cenizas simbolizan luto (Jer 6,26), petición de ayuda a Dios (Dan 9,3) y arrepentimiento (Jud 4,11).

La ceniza es un signo elocuente de la fragilidad del ser humano y de su actitud de humildad ante Dios. Abraham lo formula con palabras llenas de reverencia: «Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor» (Gn 18,27). Así, la ceniza expresa la conciencia de la propia insignificancia frente a la grandeza divina.

La ceniza también se asocia a la humildad. Así, el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (n. 125) explica que era propio de los antiguos ritos que los pecadores convertidos se cubrieran con ceniza, como muestra de su reconocimiento de la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios.

La imposición de la ceniza

Según el Misal romano, el rito tiene lugar al terminar la homilía. El sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice: “Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre que bendiga con su gracia esta ceniza que, en señal de penitencia, vamos a imponer sobre nuestra cabeza”.

Luego rocía la ceniza con agua bendita e impone la ceniza a los fieles diciendo: “Conviértete y cree en el Evangelio” (Mc 1,15) o “Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver” (cf. Gn 3,19).

La ceniza también puede imponerse sin necesidad de la Misa. En ausencia de sacerdote, los laicos pueden imponer la ceniza en una celebración de la Palabra (Solo un sacerdote o diácono puede bendecirla previamente).

El Miércoles de Ceniza no es un día de precepto pero sí es día de ayuno y abstinencia. El ayuno obliga a los fieles entre 18 y 60 años y consiste en una sola comida fuerte al día. La abstinencia de carne es a partir de los 14 años y también se observa todos los viernes de Cuaresma.

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