
La Iglesia celebra cada 11 de febrero la Jornada Mundial del Enfermo, una fecha que un año más convoca a fieles, comunidades y organizaciones sanitarias para recordar la dignidad de las personas que padecen enfermedad y sufrimiento, rezar por ellas y reconocer la labor de los equipos de pastoral de la salud. Con ocasión de este día, el papa León XIV ha escrito un mensaje que lleva como lema: «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro».
Instituida por San Juan Pablo II en 1992, esta jornada coincide con la festividad litúrgica de la Virgen de Lourdes, patrona de los enfermos. Es un momento privilegiado de oración, cercanía y reflexión para toda la comunidad eclesial y para la sociedad civil. Una llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas marcados por la enfermedad y la fragilidad.
En el ámbito nacional, este mensaje se trabaja en la Campaña del Enfermo. Comienza el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, con la Jornada del Enfermo a nivel mundial. Se prolonga durante varios meses y se clausura el 10 de mayo, VI domingo de Pascua, con la celebración de la Pascua del enfermo.
Mensaje del papa
Para esta edición, el Papa León XIV ha propuesto como lema “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Para ello, se ha inspirado en la parábola del Buen Samaritano, del Evangelio de Lucas. El mensaje, hecho público a principios de enero desde el Vaticano, invita a reflexionar sobre la necesidad de una compasión activa, que no se limite a un sentimiento interno. Que se traduzca en gestos concretos de cercanía y ayuda a quienes sufren, especialmente a quienes viven en situación de fragilidad, soledad o pobreza.
En su mensaje, el Pontífice subraya que el cuidado de los enfermos es una expresión profunda del amor al prójimo y un testimonio vivo del Evangelio. El Papa anima a todos -creyentes y no creyentes- a detenerse ante el sufrimiento ajeno, a escuchar las historias de dolor y a ofrecer consuelo con actos de servicio y acompañamiento. Asimismo, pide oraciones por quienes sufren dolores físicos y espirituales, y ofrece su bendición a pacientes, familiares, profesionales sanitarios y voluntarios que trabajan por la dignidad y la esperanza de los más necesitados.
Parroquias agustinas
Cuidar a los enfermos y a sus cuidadores, lejos de suponer un problema constituye una oportunidad evangelizadora de primer orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto XVI, “un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo”.
Actualmente, la pastoral de la salud es un ámbito muy importante de la acción que se lleva a cabo en todas las diócesis. En las parroquias, la atención a los enfermos la desarrollan, desde hace años, equipos de personas que se preparan para ello y que dedican semanalmente tiempo a visitar a personas enfermas que pertenecen a la parroquia.
En la Parroquia de San Manuel y San Benito, de Madrid, que atienden los religiosos agustinos, el P. Ambrosio Sanabria, OSA, lleva la comunión todas las semanas a un grupo de feligreses que no pueden salir de casa. Nos cuenta que agradecen la visita y que ests se convierte en un rato de conversación y de compañía que es beneficioso para todos.
En la Parroquia Santa María de la Esperanza, de Madrid, Paquita Viciana, pertenece al equipo que se ocupa de atender a las personas enfermas de la comunidad parroquial. Lo forman seis personas que se reúnen mensualmente con el párroco y que están pendientes de aquellos que solicitan este tipo de servicio. Y, aunque es ella la responsable de este equipo, le gusta hacer hincapié en que es una responsabilidad compartida.
Además de las visitas a los enfermos, hay un momento importante en el año que es la celebración comunitaria de la unción de los enfermos. Suele hacerse en Pascua y se ofrece a aquellas personas que desean recibir el sacramento y pueden salir de casa.
Lleva más de quince años con este compromiso y explica que desde el COVID en la parroquia la demanda ha disminuido.
Testimonio
En estos años Paquita se ha formado para este tipo de tarea con los religiosos camilos y también en la parroquia: «En las reuniones que tenemos con el párroco, se van abordando cuestiones que también son formativas».
Normalmente llaman antes de ir a las casas, para comprobar que el momento es el adecuado. Y aunque actualmente suele ir ella sola, ha habido otras épocas en las que iban de dos en dos.
En el rato que comparten con las personas que van a visitar, hay un breve momento de oración y, en la mayoría de los casos, se lleva la comunión. En este rato compartido, Paquita señala que es muy importante la capacidad de escucha, la cercanía, la sensibilidad y también el sentido del humor. Es una actividad que deja huella; visitas que, repetidas semanalmente durante años, se van convirtiendo en amistades muy bonitas.
Tanto al P. Ambrosio como a Paquita, les parece un acierto el lema de este año, ya que el pasaje del Buen Samaritano es inspiración para estos grupos de personas que intentan vivir la compasión con las personas que sufren.
Al acercarse al enfermo, la comunidad no solo alivia una herida, sino que construye comunión. Hace visible una Iglesia que camina unida y que reconoce en el otro a un hermano. En este 11 de febrero, la Jornada Mundial del Enfermo invita a renovar una mirada contemplativa y compasiva que, desde la interioridad y la fraternidad, se traduce en gestos sencillos. Así, al estilo del Buen Samaritano, las comunidades agustinas siguen aprendiendo que amar es cargar con el dolor del otro y transformarlo, juntos, en esperanza.


