Día de los Familiares difuntos de los miembros de la Orden de San Agustín

El 16 de enero se celebra en todo el mundo, el Día de los Familiares difuntos de los miembros de la Orden de San Agustín.

La Orden de San Agustín celebrará mañana una jornada dedicada a la memoria de los familiares difuntos de sus miembros, una fecha que pone de relieve el valor de la gratitud y la comunión desde la espiritualidad agustiniana. Esta conmemoración busca reconocer el papel fundamental que las familias han tenido en el camino vocacional de los religiosos y reafirmar que el vínculo del amor y la fe trasciende la muerte, integrando el recuerdo y la oración como parte esencial de la vida de la Orden.

Este recuerdo de oración por dichos parientes se remonta a los orígenes de la Orden. Las Constituciones Agustinas de Ratisbona (1290) ya prescribían que “en los conventos de la Orden se celebrará todos los años el aniversario de nuestros padres, madres y familiares y bienhechores difuntos”. Sucesivas reformas litúrgicas desdoblaron la celebración de bienhechores –los que han destacado por su ayuda a las obras agustinianas– y familiares, fijándose aquélla el 13 de octubre mientras ésta se concretaba el 16 de enero.

Importancia de la familia

Está claro que la familia merece una especial consideración. Ya resaltaba Aristóteles que la familia es la “célula de la sociedad”, cosa que seguimos ratificando hoy. Sin el aprendizaje vivido en la familia de los valores de convivencia, lealtad, generosidad, no se podrá avanzar hacia una sociedad mejor, basada en la tolerancia, honradez, bien común. Serán principios experimentados, incorporados a la propia personalidad, más que memorizados en la escuela.

San Agustín llamó a la familia “Iglesia doméstica”, es decir, la primera Iglesia, donde se aprenderá vivencialmente a rezar y confiar en Dios, del que siempre estamos necesitados, y a amar a los demás desde la fidelidad sacrificada –la abnegación– y el perdón constante,
valores estos que van un poco más allá de los antedichos humanos, aunque suponiéndolos. Sin esta Iglesia inicial no será posible construir la Iglesia universal, no se logrará aportar al mundo lo que sólo el cristianismo puede otorgar.

La familia concede y condiciona buena parte de lo que cada uno es: la vida, el carácter, la fe. A través de ella llega, de un modo o de otro, la vocación religiosa. Es justo que institucionalmente los agustinos tengan presentes en la oración a sus seres queridos, aquellos que llevaron la misma sangre. Son los primeros benefactores de la Orden, quienes han entregado a sus hijos y hermanos a la causa de Jesús en la Orden de San Agustín, desde el carisma y la espiritualidad agustiniana.

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