Evangelio del Domingo del Corpus Christi, según San Agustín

San Agustín invita a ver a Cristo en el hermano necesitado. Jesús es alimento en cada Eucaristía si lo recibimos con el espíritu.

San Agustín en varios de sus sermones nos habla de la Eucaristía y de la necesidad de ver en el hermano necesitado a Cristo. Jesús se nos hace alimento en cada Eucaristía si lo recibimos, no solo con el estómago, sino con el espíritu. Pero el mismo Jesús que se nos da, nos pide que le veamos en el otro, sobre todo, en el necesitado. Si no, ¿cómo podemos pedir a Dios que nos auxilie, si nosotros no somos capaces de auxiliar al necesitado, donde está Él?

La Eucaristía

La Eucaristía es nuestro pan de cada día. Pero si lo recibimos no solo en el estómago, sino también en el espíritu. El fruto que se entiende que él produce es la unidad, a fin de que, integrados en su cuerpo, constituidos miembros suyos, seamos lo que recibimos. Entonces será
efectivamente nuestro pan de cada día. También lo que yo os expongo es pan de cada día; pan de cada día es el escuchar diariamente las lecturas en la Iglesia; pan de cada día es asimismo el oír y cantar himnos.

Efectivamente estas son cosas necesarias para nuestro caminar como peregrinos. ¿Acaso, cuando lleguemos allá, hemos de escuchar la lectura de un códice? Igual que los ángeles ahora, veremos la Palabra en persona, a ella oiremos, ella será nuestra comida y nuestra bebida. ¿Acaso necesitan los ángeles códices o quien se los exponga o lea? De ninguna manera. Su leer es ver, pues ven la Verdad misma y se sacian de la fuente de la que a nosotros nos llega el rocío. He hablado ya del pan de cada día, porque en esta vida nos es
necesario hacer esta petición.

El pan de vida

Esto quisiera recomendaros, hermanos míos: dad del pan terreno y llamad a las puertas del celeste. El Señor es pan. Yo soy – dice – el pan de la vida. ¿Cómo te lo dará a ti, que lo niegas al necesitado? Ante ti se halla una persona necesitada, y tú te hayas como necesitado ante otro. Y hallándote tú necesitado ante otro y otro necesitado ante ti, este se halla necesitado ante otro necesitado, mientras que aquel ante quien te hayas tú no necesita de nadie.

Anticipa tú lo que luego se vaya a hacer contigo. Pero no de la manera como los amigos suelen echarse en cara, en cierto modo, sus mutuos favores: «Yo te di esto», dice uno; a lo que el otro le responde: «Y yo a ti aquello». Dios no quiere que le demos algo a él, porque también él nos ha dado a nosotros: él no necesita lo de nadie. Por eso es el verdadero Señor: Yo dije al Señor: «Tú eres mi Dios, porque no necesitas de mis bienes».

Aunque él es el Señor, el verdadero Señor, y no necesita de nuestros bienes, para que pudiéramos hacer algo en su favor se dignó sufrir hambre en sus pobres: Tuve hambre – dice -y me disteis de comer. Señor, ¿cuándo te vimos hambriento? Cuando lo hicisteis con uno de estos mis pequeños, conmigo lo hicisteis. Y a los otros también: Cuando no lo hicisteis con uno de estos mis pequeños, tampoco conmigo lo hicisteis.

Sermón 57, 7 y 389, 6.

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