Santa Rita de Casia

Santa Rita de Casia es una de las santas más populares en el mundo cristiano. Cuando decimos popular afirmamos dos cosas, que es conocida en todas partes, culturas o estratos sociales, y, en segundo término, que es objeto de la llamada religiosidad popular, es decir, que atrae y mueve masas enteras en orden a su veneración en santuarios, iglesias, capillas, donde acuden infinidad de devotos a pedir su intercesión, como “abogada de imposibles”, que se la llama. Se nos presenta como ejemplar de vida, en su condición de hija de familia, esposa, madre, viuda y religiosa. Esos fueron los estadios que recorrió a lo largo de sus 76 años de existencia terrena.

Cuna y juventud de Rita

ritacasiaNuestra santa nació el año 1381 en una pueblecito, llamado Roccaporena, muy cerca de la ciudad de Casia, bello rincón de la región de Umbría, tierra de santos, situado en medio de los Montes Apeninos, en el centro de Italia. Sus padres, Antonio Lotti y Amada Ferri, formaban un hogar profundamente cristiano de recursos económicos de tipo medio. Antonio era juez de paz u hombre bueno del pueblo, que componía la concordia en las desavenencias o discordias entre los vecinos del pueblo. Según la tradición, pasaron varios años sin descendencia, cosa que anhelaban y pedían con fervor. Dios les bendijo con una encantadora niña, a la que llevaron a bautizar con el nombre de Margarita, pero la llamaban por el diminutivo de Rita, según afirman biógrafos antiguos. Los autores recogen una traición que rodea su nacimiento y primera infancia con signos prodigiosos, cual es el de abejas blancas que formaron un panal de miel en su boquita, mientras dormía. Generalmente lo dan una interpretación simbólica referida a la dulzura de la futura santa. Recibió una esmerada educación humana y cristiana, que se desarrolló en un ambiente familiar de piedad sincera en casa y en la asistencia a la iglesia, no sólo en su pueblo natal sino también en la cercana Casia. Así pasó su infancia y juventud con ejemplar comportamiento dentro de la normalidad de la vida de hogar en su relación con los demás.

Forma un nuevo hogar

Aquella joven, hija de familia ejemplar, tuvo inclinación y deseo de entrar en la vida religiosa en uno de los conventos de Casia, pero sus padres pensaban otra cosa. Era hija única y la querían casada. En conformidad con la costumbre de la época y del lugar, eran los padres de los contrayentes, no éstos, quienes concertaban el matrimonio de sus hijos. Todos los datos avalan que el futuro esposo pertenecía a una familia conocida del mismo pueblo de apellido Mancini. Rita, a decir de los datos de la historia y tradición debía contar entre 14 y 18 años, muy joven, pero era la norma general. El novio llamado Pablo Fernando, sería algo mayor que ella. Fruto de aquel matrimonio nacieron dos hijos, que fueron educados cristianamente.

No todo fue felicidad en aquella casa, desde el punto de vista humano. El matrimonio se convirtió en una cruz para nuestra Santa. Es cierto que en algunos biógra

fos ha existido exageración al cargar las tintas sobre la dureza de trato del marido con aquella esposa, pero no es menos cierto que le ocasionó sufrimientos por su carácter y sus implicaciones en las luchas de partidos antagónicos y apasionados en la región, entre los llamados Güelfos y Gibelinos. El mejor testimonio, muy probablemente, sea el presentado en la causa de beatificación: “Se avino con un marido de muy ásperas costumbres para que no le faltasen en casa un continuo ejercicio de religiosa tolerancia; pero Rita con su afabilidad superó de tal forma la contumacia del marido que por dieciocho años consecutivos, vivió con él en buena concordia, admirada por todos”.

Viuda muy joven

Al parecer, los viejos enfrentamientos entre aquellos bandos de la comarca no habían desaparecido del todo, se mantenía latente cierta tensión, que amenazada sorprender con alguna venganza. Con todo, en el hogar de Rita había paz. Sin embargo, cuando todo parecía más normal, el dolor llamó a las puertas de la casa de Rita. Delincuentes a sueldo o viejos enemigos directos, sorprendieron a Pablo Fernando Mancini en una emboscada, lo apuñalaron y huyeron. La Santa quedó sumida en el dolor, sola con sus dos hijos en un momento difícil, iniciando su adolescencia. Testimonios muy próximos a la vida de la Santa declaran en el proceso de beatificación que siempre habían oído decir que era una mujer muy virtuosa de una gran fe y mucha caridad. La caridad llegó a tal grado que perdonó de corazón a los que se decía había sido inductores del asesinato de su marido. Más aún, inculcaba a sus hijos la misma actitud de perdón, llegando a pedir al Señor preferir pasar por el incomparable dolor de llorarlos muertos antes que manchados con un nuevo crimen de odio y venganza, gesto heroico. Aquella soledad de la viudez vino a incrementarse con la pérdida de ambos hijos cuando éstos eran adolescentes, pero le quedó la paz espiritual porque habían muerto perdonando, como buenos cristianos.

Rita se hace monja en las Agustinas de Casia

Aquella mujer fuerte, siente necesidad de buscar en Dios su futuro. Es profundamente piadosa y acude frecuentemente a Casia, visita el monasterio de Santa Magdalena, en busca de consuelo y de luz para su espíritu y sube al convento de San Agustín, de frailes agustinos, situado en la cima de la loma sobre la que se levanta la misma ciudad. Aquí se hallan las imágenes de los santos de sus grandes devociones, después de su amor a Cristo y a la Virgen, San Agustín, San Juan Bautista y San Nicolás de Tolentino. Además allí pudo encontrar orientación en alguno de los doctos y píos agustinos, que moran en aquel cenobio. Renace su ideal juvenil de vida religiosa y solicita su entrada en las Agustinas del mencionado convento. Cuenta con 36 años, todavía es joven, puede aportar mucho a la vida de comunidad. Durante un tiempo es rechazada su solicitud sin que conste expresamente la causa real.

Se ha dicho que se la negaba por ser viuda, pero eso no era motivo, pues había otras viudas en aquel y otros monasterios. Historiadores conocedores del medio social de Casia y su comarca, piensan que bien podía pesar en la opinión de algunas monjas el hecho de ser viuda de un hombre asesinado y podían dudar de la sinceridad del perdón. A pesar de todo su sincero perdón quedaba fuera de toda duda, había pruebas fehacientes. Existía en la ciudad otro monasterio de la misma Orden, el de Santa Lucía, y dos de benedictinas, ¿por qué no llamar a sus puertas? Ella no acudió a aquellas, insiste en ingresar en el de Santa Magdalena. Sólo le quedaba una intervención del cielo para romper la barrera. Ora con fervor, con fe perseverante, acudiendo a la intercesión de sus tres santos de especial devoción y un buen día se le abren de par en par las puertas de su monasterio. San Agustín, San Juan Bautista y San Nicolás de Tolentino fueron sus valedores ante Dios y entró.

Si como esposa y madre, Rita fue ejemplar en su vida seglar, igualmente lo sería de religiosa. Recibe la formación apropiada, va conociendo a fondo la Regla de San Agustín y demás normas de la vida monástica y espiritualidad propia. En su momento emite los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia. Crece en la caridad, se esmera en la observancia del espíritu de las reglas, es elemento constructivo en la comunidad. Así mismo avanza en la vida espiritual de su Orden, profundiza y crece su espíritu de oración y contemplación, en la que centra todo en Jesucristo y la Virgen María.

La espina y herida en la frente

Una de las características de la iconografía de Santa Rita es la espina en la frente, que tanto la haría sufrir. La espina, desprendida de la corona del crucifijo, se convirtió en su cruz, signo de su identificación con Cristo crucificado, coronado de punzantes espinas. Sólo se libera de ella milagrosamente para poder acudir a Roma para ganar el jubileo del Año Santo. La herida, que se hace hedionda, la hace retirarse en el mismo convento. Testimonio admirable de saber sobrellevar el dolor con serenidad es que sabe la verdad de que todo lo puede con la gracia de Dios y que “en la paciencia salvará el alma”

Las rosas de Santa Rita

El otro elemento iconográfico que no puede faltar en la Santa es la rosa. Tiene ésta una bella historia, adornada por una hermosa leyenda y práctico simbolismo. Nos dice la biografía que, estando gravemente enferma, pidió una rosa a una parienta suya, tomada del antiguo huerto. Ésta, entre incrédula y compasiva, la halló en pleno invierno y se la llevó. ¿Inocente capricho satisfecho por Dios? Diríamos que fue y es bello símbolo. Es el olor de la virtud y santidad de esta mujer, es la belleza espiritual reflejada en la reina de las flores, la armonía, el orden en la vida y muerte de Rita.

Llena de paz, rodeada de sus hermanas en religión, entregó su alma a Dios el 22 de mayo de 1457, según los datos más fiables. Contaba 76 años de edad. En la tradición se narran numerosos signos de su santidad. Pronto su fama salta fronteras y surge una devoción popular extraordinaria. Beatificada el 19 de octubre de 1626 por el Papa Urbano VIII, fue solemnemente canonizada el 24 de mayo de 1900 por León XIII, pero durante siglos recibió culto público. Infinidad de capillas, iglesias y parroquias, incluso numerosos pueblos llevan su nombre.

Abogada de imposibles

Así se la ha llamado y se la llama, abogada de imposibles, debido a las innumerables gracias, alcanzadas entre creyentes del mundo entero, para situaciones graves de salud y otras necesidades por su intercesión.

Su mensaje para hoy

  1. Rita ofrece el ejemplo de vida cristiana de familia ejemplar, con su amor filial, de esposa y madre, su convivencia en armonía y paciente comprensión, que culmina en fidelidad hasta el final.
  2. Testimonio de vida consagrada en comunidad, oración y actitud de servicio, generosidad en la entrega y aceptación de la divina voluntad.
  3. Mensaje de paz. Ante un mundo convulsionado por noticias de violencia, el terrorismo y las guerras, Rita se presenta como constructora de paz mediante su perdón a los que habían llevado violencia a su hogar y suscitando en otros esa paz.. Es un símbolo de paz.
Félix Carmona Moreno, OSA

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