San Alonso de Orozco

Nacimiento y formación

Nació Alonso de Orozco el 17 de octubre del año 1500 en la villa de Oropesa (Toledo) y aquí vivió su infancia y primeros años de su niñez. Contaba ocho años cuando toda la familia se trasladó a Talavera de la Reina; a los once fue enviado a Toledo, en cuya catedral fue seise y adquirió los conocimientos que le permitieron ingresar, a los catorce años, en la Universidad de Salamanca para cursar una de las carreras de más prestigio y más seguida por cuantos aspiraban a ser rectores de la política nacional: Leyes.

Ocho años más tarde, terminados aquellos estudios, todo un futuro brillante se le ofrecía, pero atraído por la vida ejemplar de la comunidad del Convento de san Agustín de la ciudad del Tormes, decidió hacerse agustino. Y, en efecto, el día 8 de junio de 1522, en un acto comunitario muy sencillo, tras «pedir la misericordia de Dios y la compañía de los Hermanos», vestía el hábito e iniciaba el noviciado, que había de llevarlo, a la vuelta de un año, a la profesión religiosa, recibida de manos de un santo prior: fray Tomás de Villanueva.

Después vendrían los estudios filosófico-teológicos, cursados, parte en las aulas del Estudio Salmantino y el resto en el propio convento, incorporado jurídicamente a la Universidad. Concluidos éstos, fue ordenado sacerdote; lo que debió de tener lugar en 1526 ó 1527. Acto seguido, a los bien dotados se les ofrecía la posibilidad de seguir estudiando a fin de obtener los grados académicos. La gran capacidad intelectual y su extraordinaria preparación hacían de fray Alonso un candidato perfecto para aspirar a ellos; él, sin embargo, manifestó su deseo de renunciar a dichos grados, urgido por el anhelo de consagrar su vida de allí en adelante a la predicación. Benévolamente accedieron a ello los Superiores, que, con lucidez, supieron adivinar la tarea a la que le llamaba el Señor.

Oficios y actividad apostólica

A partir de 1537 tendría que desempeñar, junto con su oficio de predicador, el cargo de prior en los conventos a los que fue siendo destinado: Soria, Medina del Campo, Sevilla, Granada y Valladolid. Y en esta última ciudad se encontraba, ejerciendo, como siempre, ambas tareas, cuando le llegó el nombramiento de Predicador del emperador Carlos V por un albalá despachado en Bruselas el día 13 de marzo de 1554. Confirmado en el cargo por Felipe II, al subir al trono, hubo de acompañar a la Familia Real cuando se trasladó la capital del Reino a Madrid.

Treinta años de estancia en la Villa y Corte que podrían resumirse así: a los deberes de la predicación dentro y fuera de Palacio añadió una gran ejemplaridad de vida; a su extraordinaria fecundidad literaria una atención especial a los pobres; y a su intensa vida de oración una prodigiosa actividad apostólica. Predicador, amigo y consejero de Felipe II y su familia, las puertas del Palacio estaban siempre abiertas para él; tal era el afecto y confianza que le profesaban.

Dedicación a los pobres

alonsoorozco

La relación con la Corte no le apartó de los más pobres. He aquí, a este propósito, lo que nos dice un testigo en el proceso inicial:

«Excelentísima era la caridad y amor que tenía a los pobres. Le vi llorar muchas mañanas de invierno, viendo por las calles pobres desnudos…; y por todos los caminos los remediaba, mandándoles fuesen a las once del día al convento, porque a aquella hora venía de Palacio de predicar; a los niños pobres que topaba llorando era cosa del cielo ver cómo los halagaba… Tenía gran reverencia a los pobres, porque representaban a N.S. Jesucristo… Las limosnas que daba eran muchas a pobres, a viudas, a honrados estudiantes y a presos de la Cárcel, donde iba muchas veces; y lo que más frecuentaba e iba muchas veces era a los Hospitales» (In-formación Sumaria, II-II, pp. 1083-1084).

Muerte

Al morir ejercía el cargo de Superior en el Colegio-Convento de doña María de Aragón, del que es considerado fundador. Allí fallecería el 19 de septiembre de 1591. En sus últimos días fue visitado por Felipe II y otros miembros de la Familia Real, así como también por numerosos personajes de la nobleza. La noticia de su muerte conmocionó a toda clase de gentes que acudieron en masa «a ver su santo cuerpo». Enterrado inicialmente en la capilla provisional del Colegio, terminada la iglesia que lucía un maravilloso retablo con cinco cuadros de El Greco, sus restos se trasladaron a ella. Incautado todo el edificio por el Estado y convertido en la hoy sede del Senado en el siglo XIX, hoy sus restos reposan en la iglesia del convento que lleva su nombre (C/ La Granja, n. 9). Las MM. Agustinas que viven en este convento son continuadoras de la comunidad que él mismo fundó en 1569. Otros dos conventos de monjas le deben también su origen: el de Santa Isabel en Madrid y el de San Ildefonso en Talavera.

Escritos

Importante es su obra escrita; los títulos de sus obras se acercan a los sesenta. Todo comenzó en 1542. Cuenta él en sus Confesiones que, siendo prior del Convento de san Agustín en Sevilla, se le apareció la Sma. Virgen y le dijo: «escribe». Interpretada por él como una orden para poner por escrito lo que predicaba y lo que era objeto de su propia reflexión y meditación, «luego -dice- puse mano en escribir el Libro del Vergel de Oración y Monte de Contemplación». Y tras citar dieciocho obras más, añade, dirigiéndose a Cristo: «Todo lo escribí por mandado de vuestra Santísima Madre».

Sobre la aceptación que tuvieron sus escritos decía don Cristóbal Núñez, librero y testigo del Proceso de beatificación: «sus libros eran buscados con mucha instancia, por ser tan buenos y de tan gran doctrina y aprovechamiento para los que los leían». Con motivo de su esperada canonización se puso en marcha una edición de sus obras completas en la BAC.

Añadamos que nuestro Santo fue uno de los primeros escritores que rompió la costumbre de escribir en latín los grandes tratados espirituales, alegando que «el romance habla con toda nuestra nación y el latín con los menos». Y esto no sólo, porque se llegaba más fácilmente a los destinatarios de sus escritos sino también porque consideraba lengua vernácula apta en sumo grado para expresar los más elevados conceptos teológicos y místicos. Por todo ello, la Real Academia Española registró el nombre de fray Alonso de Orozco en su Catálogo de Autoridades

Fue beatificado en 1882 y canonizado por Juan Pablo II el 19 de mayo de 2002.

Su mensaje para hoy

San Alonso de Orozco “fue una imagen viva del evangelio” (Juan Pablo II). Su vida fue toda ella una cadena de preciosos eslabones, forjados por la gracia de Dios, que siempre encontró una generosa respuesta, tanto en su vida personal, como, y sobre todo, en su dedicación pastoral al servicio de los más pobres, en los hospitales y en las cárceles, lo que hace de san Alonso de Orozco un modelo para quienes, impulsados por el Espíritu, fundan toda su existencia en el amor a Dios y al prójimo según el supremo mandato de Jesús

Su ejemplo en este sentido constituye un auténtico desafío para todo cristiano y no sólo para los que, por su vocación especial, consagran su vida a un servicio concreto a los más desfavorecidos de la sociedad. Fue ésta en fray Alonso de Orozco una opción personal, más allá de sus obligaciones palaciegas como Predicador Real. Esta faceta es, sin duda, la que más le identifica con el Cristo del evangelio que «pasó haciendo el bien a todos».

Éste era fray Alonso de Orozco, a quien el pueblo sencillo canonizó en vida con el nombre de «el Santo de san Felipe» y que ahora acaba de ser proclamado como tal por la Iglesia (San Felipe era el titular del convento en que vivía; estaba ubicado junto a la Puerta del Sol, a la entrada de la calle Mayor).

 

Teófilo Viñas, OSA

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