Historia

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I. LA IMPLANTACIÓN DE LA ORDEN

El monacato agustiniano

En su Vita Augustini, San Posidio nos dice que los monjes de origen agustiniano se extendieron “no sólo por todas las partes de África, sino también por las transmarinas”. El plural parece indicar que se trata de varios lugares, pero Posidio no indica el nombre de ninguno de ellos.

En relación con España, algunos autores han creído ver una fundación monástica agustiniana en la isla de Cabrera a partir de la referencia a la ínsula Capraria de que habla Agustín en su carta a Eudoxio (Ep 48), abad de un monasterio en dicha isla. También se ha querido ver como fundación de origen agustiniano la del monasterio del llamado abad Nunctus, en Mérida (568 ca.). Pero la más famosa entre las posibles fundaciones de origen agustiniano es la del Monasterio Servitano (570 ca), llevada a cabo por el abad Donato y un grupo de casi 70 monjes que llegaron de África trayendo numerosos códices.

¿Son estas realmente fundaciones de origen agustiniano? ¿Pervivió el monacato agustiniano sin interrupción hasta la Gran Unión de la Orden del año 1256 o desapareció? No disponemos de documentos ciertos ni para afirmar que sí ni para afirmar que no. Defendemos que es posible que algún monasterio de origen agustiniano haya pervivido ininterrumpidamente hasta después del año 1256 y haya entrado en la Orden.

El primer siglo desde la Gran Unión (1256)

JuanBorgonaCon la ayuda de algunos papas y la protección de algunos reyes y príncipes, nuestra Orden se propagó rápidamente por toda Europa.

Es seguro que inmediatamente después de la Gran Unión la Orden se organizó en provincias, como lo estaban algunas de las congregaciones que entraron en la Unión el año 1256; pero no sabemos ni cuántas ni cuáles fueron.

Inmediatamente después de la Gran Unión todos los conventos de la Península Ibérica formaban una sola Provincia, llamada la Provincia de España. Antes de 1295 se formó la Provincia de Aragón con todos los conventos de este reino y los del principado de Cataluña. El resto de España juntamente con Portugal siguió llamándose Provincia de España.

En el Reino de Castilla. los conventos más antiguos fueron: el de S. Andrés, llamado después de S. Agustín, de Burgos, cuyos orígenes remontan algunos al año 1050 y que ciertamente existió antes del año 1267; el de S. Ginés de la Jara, en Cartagena, fundado antes de 1260, según algunos en el año 860; el de de Córdoba y el de S. Acacio de Sevilla, fundados en el año 1236 y 1248, respectivamente, por el Rey Fernando III el Santo; el de S. Esteban, llamado después de S. Agustín, de Toledo, fundado en 1260 por el Rey Alfonso X el Sabio; y el de Badajoz, fundado en 1298.

En el Reino de Aragón, según nuestros historiadores antiguos, existían, antes de la Gran Unión, varios conventos, que formaban ya Provincia en 1216. Estos conventos eran doce, siete situados en el Principado de Cataluña, a saber, dos en Barcelona, más los de Gerona, Tarragona, Lérida, Valdaneo y Val de Arno y cinco en Valencia, a saber, el del Santo Sepulcro, en la ciudad de Valencia, Sta. María de la Isla Formentera, Ntra. Señora de Aguas Vivas, Castellón de la Plana y Castelfabit. Su primer Provincial fue fray Fabrián, de la Congregación del Beato fray Juan Bueno y el segundo fray Francisco Salelles (c. 1240–1310) en cuyo tiempo se fundaron los conventos de S. Agustín de Alcira y S. Agustín de Alcoy. Aunque no disponemos de documentos seguros para comprobar todo esto, es absolutamente cierto que inmediatamente después de la Unión existían casi todos estos conventos en el Reino de Aragón.

II. CRECIMIENTO Y OBSERVANCIA

Al inicio de este periodo la Orden seguía contando con las 24 provincias del periodo anterior. En la Península Ibérica seguían existiendo la Catalano-aragonesa y la de España-Portugal. De esta última, hacia el 1480, surgen otras dos: la provincia de Portugal y la provincia de Castilla. En 1512 Gil de Viterbo instituyó la Provincia de Baleares-Cerdeña.

Todas las provincias de la Península Ibérica crecieron mucho en este periodo. La provincia de España-Portugal contaba al comienzo de este periodo con unos doce conventos, que el año 1518 habían pasado a ser 36, entre las dos nuevas provincias. La provincia de Portugal fundó tres nuevos conventos: Santarem, Salvatierra (Pontevedra) y La Laguna (Tenerife).

La observancia religiosa se mantuvo a bastante buen nivel. Su principal defecto fue el de las disensiones capitulares y el despego o alejamiento del gobierno central de la Orden, debido, tal vez, a que ningún Prior General las visitó hasta bien entrado el siglo XVI. Aún así, no se excedieron mucho y, cuando llegó el momento, se mostraron muy adictas al General. Otra nota característica fue la de la tendencia al eremitismo. Algunos religiosos, en particular de la provincia de Castilla, obtuvieron licencias de la Sede Apostólica para vivir en soledad bajo la obediencia del Provincial.

agustina

Las congregaciones de observancia

Contra la inobservancia religiosa, característica general de este periodo, reaccionaron, no sólo los superiores generales, sino también grupos de religiosos amantes de la observancia religiosa, que se agruparon entre sí para vivirla. Los superiores generales apoyaron a estos grupos y, una vez que obtenían una cierta estabilidad, los sustraían a la obediencia del prior provincial, nombrándoles, en cambio, un vicegerente suyo, llamado vicario, que los gobernaba en su nombre y con su potestad. Estos grupos, así constituidos, se llamaron congregaciones de observancia. En la Orden llegaron a existir once congregaciones de este tipo: nueve en Italia, una en Alemania y otra en España.

El movimiento de la observancia en España comenzó favorecido por el antipapa Benedicto XIII (Luna), el año 1412 en el convento de Fraga. En 1427 surgió también un intento de observancia en el convento de Nuestra Señora de la Regla, en Chipiona (Cádiz), pero también quedó aislado. En cambio, el movimiento de la observancia tuvo éxito en los conventos de Castilla. El promotor fue Juan de Alarcón, que fundó su primer convento en Villanubla (Valladolid) en 1432. A este primer convento se agregaron otros en vida del mismo Alarcón. La congregación siguió incorporando conventos de la provincia, sin ninguna estridencia entre ambas partes. En el año 1504 determinaron celebrar un capítulo conjunto y en él acordaron fundirse en una sola entidad, la “Provincia de la Observancia de España”. Para su gobierno, a causa de su extensión, dividieron la provincia en cinco circunscripciones, que llamaron impropiamente provincias y más tarde, visitas. Surgieron algunas disensiones entre ellos, pero el año 1511 lograron una “Concordia”, con la cual comenzó el gran periodo de esplendor de la llamada Provincia de Castilla.

III. REFORMAS Y MISIONES

Las provincias

Al estallar el protestantismo (1517) existían en la Península Ibérica las siguientes provincias: Catalano-aragonesa, Cerdeña, España –resultado de la unión de la provincia del mismo nombre con la congregación de observancia– y la de Portugal. La provincia de España se dividió en dos, llamadas de Castilla y Andalucía, el año 1526. Se reunieron otra vez en una sola provincia año 1541, y, por fin, se volvieron a dividir en dos el año 1582 y siguieron divididas hasta el año 1835, en que fueron suprimidos por el gobierno casi todos los conventos España.

La observancia estaba en decadencia en las dos primeras provincias y en la de Portugal. En cambio estaba en auge la provincia de España, gracias a la influencia de la congregación de la observancia y a la iniciativa tomada por la reina Isabel la Católica de reformar el clero secular y regular.

Nacimiento de los Agustinos Recoletos

El capítulo de la provincia de Castilla celebrado en Toledo el año 1588 determinó señalar tres conventos de frailes y otros tantos de monjas en los cuales se observase una forma más austera de vida, mandando que no se pudieran separar nunca de la provincia. Pero esto último no se cumplió bien, sino que se fueron independizando cada vez más. El año 1601, en virtud de un breve del papa Clemente VIII, fueron sustraídos a la obediencia del provincial y sometidos a la jurisdicción inmediata del Prior General. En el año 1602 constituyeron provincia independiente y el 1621 se constituyeron en congregación, dividida en provincias, y gobernada por un vicario dependiente del Prior General de la Orden.

Misiones y extensión de la Orden por mundo

Los misioneros españoles y portugueses de este periodo realizaron una hazaña, tal vez inigualada hasta el presente en el seno de la Iglesia: evangelizar todo el mundo descubierto por los españoles y portugueses en dicha época. No sólo penetraron profundamente el territorio que hoy ocupa América, sino que llegaron también a las islas Filipinas, China y a Japón. Los misioneros portugueses evangelizaron Brasil, muchas regiones de África, algo del Golfo Pérsico, de la india, y algunas islas del mar Indico.

La primera idea de enviar misioneros a América, surgió en los capítulos provinciales de la provincia de Castilla celebrados en los años 1527 y 1531. Su destino era México, llamado entonces Nueva España. Su principal promotor fue Fr. Juan Gallego. La primera expedición, designada por el provincial Francisco de Nieva y sus consejeros, salió de Sevilla el 3 de marzo de 1533 y llegó a Veracruz el 22 de mayo. Estaba compuesta por siete religiosos En 1535 partió la segunda expedición, compuesta por seis religiosos de la provincia de Castilla, designados por santo Tomás de Villanueva, provincial, y otros seis de la provincia de Andalucía. En 1536 llegarían a México otros doce. La provincia siguió enviando más misioneros en los años siguientes, de tal manera que en el año 1562 eran ya cerca de 300 y habían fundado unos 50 conventos.obispos

En México establecieron un centro de preparación para las misiones que se convirtió pronto en un colegio, el colegio de san Pablo, en el que se impartían diversas enseñanzas a españoles e indios, y que llegó a tener una magnífica biblioteca formada por fray Alonso de la Veracruz. Allí nuestros misioneros tenían que aprender primero las lenguas del territorio donde iban a misionar. Incorporados a las misiones, los misioneros muchas veces tenían que convencer a los indios para que se agrupasen en pueblos o ciudades. Por eso los mismos misioneros tomaron la iniciativa de construir ciudades, introdujeron pronto la imprenta, transcribieron sus lenguas con el alfabeto latino, y enseñaron a leer y escribir a muchos indígenas. En las misiones españolas se fundaron pronto varias universidades al estilo europeo, muchos años antes de que se introdujera la primera en Estados Unidos. Enseñaron, además, a los indios varias artes manuales.

En 1562 eran ya tantos en México, que algunos comenzaron a pedir que se formase con ellos una provincia independiente. Decretó que fuera así el Prior General Cristóbal de Padua en el año 1565, a lo cual se opuso Felipe II. Sin embargo para el régimen interno los misioneros de México fueron considerados como provincia independiente desde el año 1568. El año 1602 la provincia fue dividida en dos, provincia de México y provincia de Michoacán.

Tras la conquista de Perú por Francisco Pizarro, las autoridades civiles pidieron a nuestros religiosos misioneros para estos nuevos territorios. Los dos primeros, Juan de Estacio y Juan de la Magdalena, llegaron a Lima el 12 de septiembre de 1551. Sucesivamente, lo mismo que pasó con México, fueron llegando otras expediciones de agustinos. Siguieron el mismo sistema misional que en México. También fue similar su rápida difusión. Hacia el año 1570 su misión alcanza una extensión de 3000 km, desde el norte de Perú hasta la actual Bolivia. Celebraron su primer capítulo provincial el año 1551.

Desde el Perú los agustinos se extendieron primero al norte. El 22 de julio de 1572 llegaron a Quito los dos primeros agustinos, considerados como los fundadores de la provincia de Ecuador. El año 1586 los conventos existentes en el Ecuador fueron declarados provincia independiente de la de Perú.

Desde el Ecuador los misioneros se extendieron a Colombia, llamada entonces Nueva Granada y a parte de Venezuela. En el año 1596 se les dio permiso para que pudieran formar provincia independiente, lo cual, sin embargo, no se lleva efectos hasta el año 1601.

A ruegos insistentes de Felipe II, un grupo de agustinos se establecieron en Santiago de Chile en el año 1595. Pronto fundaron once conventos y además fundaron otros en Argentina. En 1599 se les dio permiso para que pudieran constituirse en provincia independiente, pero de hecho, por diversas circunstancias, no se instituyó definitivamente hasta el año 1627.

Después de varios intentos fracasados, los agustinos consiguieron comenzar pacíficamente, ellos solos, la evangelización de Filipinas el año 1565. Después ellos mismos, dándose cuenta de la intensa labor que había que hacer, llamaron en su ayuda a otros institutos religiosos, como los jesuitas y dominicos. Nuestras misiones en Filipinas siguieron el mismo ritmo que las América, pero tal vez con más dificultades. Hay que tener en cuenta que el archipiélago consta de 11.000 islas, donde se hablan siete lenguas distintas y con veinte dialectos.

El año 1573, el General les concedió poderes de provincia autónoma a la que llamó “Provincia Sinarum”, provincia de las Chinas o de los Chinos. En el año 1594 había en las islas 35 conventos La provincia de Filipinas llevó una vida más o menos normal hasta los comienzos del siglo XVIII, en que comenzaron a carecer de vocaciones nativas y no recibía religiosos de otras partes. Para resolver el problema fundaron el actual convento de Valladolid en 1742.

Los misioneros agustinos que pasaron de México a Filipinas llevaban la idea de penetrar en China. Intentaron hacerlo los años 1544–45, 1566-70, 1572, 1573, pero todos estos intentos fracasaron. Finalmente el 12 de junio de 1575 partieron de Manila para China Martín de Rada y Jerónimo Marín. El virrey de Fuchow los recibió con todos los honores, pero nos les permitió establecerse allí para predicar el evangelio, así que tuvieron que regresar. Fracasó otro intento realizado en el año 1576 y otro en años posteriores. Por fin establecieron un convento en Macao, colonia portuguesa en China, en los años 1566–87. Felipe II les obligó entregarlo a nuestros misioneros portugueses, lo que hicieron el año 1589.

Francisco Manrique y Mateo de Mendoza, éste nativo de Filipinas, salieron de Manila con intención de dirigirse al convento de Macao el año 1584, pero una tempestad los arrastró a la isla de Hirado (Japón). El príncipe los recibió muy bien. Estuvieron allí dos meses. Intentaron volver pero tuvieron que desistir porque el año 1587 comenzó la persecución contra los cristianos. En 1602 una nueva expedición edificó en Bungo la iglesia del Espíritu Santo, la primera de nuestro orden en Japón. En los años 1604 y 1605 llegaron a Japón otros varios agustinos. Pronto hubo algunos mártires, pero la misión siguió adelante, hasta el decreto de expulsión de 1614. Los que se quedaron fueron martirizados el año 1617. A partir de 1622, generalizada la persecución, ya no se enviaron más misioneros; sin embargo todavía algunos tuvieron la valentía de ir Japón para ayudar a los cristianos. Muchos de ellos fueron martirizados.

IV. TIEMPOS DE BORRASCA

Tras la Paz de Westfalia (1648) las Órdenes religiosas intentaron curar las heridas sufridas en el periodo bélico y reajustaron los límites de algunas provincias, dividiendo algunas y creando otras.

En el Nuevo Mundo y Asia, los agustinos a españoles y portugueses siguieron fundando nuevos conventos en las regiones donde estaban establecidos.

La autoridad civil, caracterizada por el absolutismo, se creyó con derecho a intervenir en muchos asuntos de la Iglesia, entre ellos la regulación de la vida religiosa, y así impuso en algunas partes la supresión de conventos. Felipe V promulgó en 1714 un decreto mandando suprimir todos los conventos que tuvieran menos de ocho religiosos.

Hasta la Revolución Francesa (1789) no se dieron en la Orden cambios generales de importancia.

Entre supresiones y restauraciones

El siglo XIX fue un siglo muy difícil para los institutos religiosos. Muchos estuvieron a punto de desaparecer y tuvieron casi que nacer de nuevo. Ningún cataclismo histórico, a través de los siglos, tuvo efectos tan fatales para nuestra Orden como los derivados de la Revolución Francesa. La historia de los religiosos en esta época se puede reducir a esta sencilla fórmula: cuando estallaba la revolución, los religiosos eran suprimidos. Cuando triunfaba la reacción, eran restaurados. Sólo en el último cuarto de siglo las circunstancias mejorarían. La Iglesia resurgió pujante y con ella los institutos religiosos.

agustinrA causa de las dificultades creadas por la Revolución francesa, el Papa, visto que el Prior General no podía regir toda la Orden, nombró un Vicario General para España e Indias, con potestad similar a la del General. Ocurrió esto en el año 1798 y recayó el nombramiento en el P. Jorge Rey. Esto equivalía a dividir la Orden en dos: por una parte España e Indias y, por otra, el resto de la Orden. Esta situación se consolidó con la publicación de la famosa bula Inter graviores, del 15 de mayo de 1804, dada por el Papa Pío VII, presionado por el rey Carlos IV. Defendía el rey que no era justo que los religiosos españoles y de las Indias, todavía sujetas a España, siendo mucho más numerosos que los demás religiosos de la Orden, fueran gobernados por generales extranjeros. El Papa Pío VII, condescendiendo, estableció en dicha bula la llamada alternativa. Esta consistía en que a todo Prior General no español debía seguirlo siempre un General español y viceversa, y que, cuando el General no fuese español, los religiosos españoles y de Indias debían ser regidos por un Vicario General español con potestad similar a la del General. Esta situación duraría este año 1895.

Con la invasión napoleónica fueron suprimidos todos los conventos. Esta situación se prolongó hasta la derrota de Napoleón en 1814. Restaurada la monarquía borbónica en la persona de Fernando VII, se permitió de nuevo abrir los conventos. Esta nueva situación duró, con algunas dificultades, hasta el año 1835. En este año, por influencia de Mendizábal, Ministro de Hacienda, el Gobierno decretó la incautación y venta de los bienes de los conventos y en 1837, la supresión de todos los conventos, exceptuados aquellos que preparaban misioneros para las colonias. De los doscientos cinco conventos agustinos, solo quedó el de Valladolid de la provincia de Filipinas. Es la llamada desamortización.

En 1843 el general Narváez dio un golpe de estado, hizo declarar mayor de edad a Isabel II y estableció un gobierno moderado, que en el año 1851 establece un concordato con la Santa Sede en el cual se reconoció la existencia de las órdenes religiosas. Contra esta moderación triunfó el año 1854 el golpe de estado de Espartero, que volvió a la persecución. Contra esta situación triunfó, a su vez, el golpe de estado de O’Donell y Narváez de 1856, que volvieron a la moderación. Pero en el año 1868 triunfó la revolución del general Prim, y volvió la persecución, con incendios de iglesias y conventos, que hubieron de ser abandonados. De 1871 a 1873 reinó la nueva monarquía de Amadeo I, que fue de moderación; pero en 1873 se establece la primera república, que fue persecutoria, con quemas de conventos. Cánovas del Castillo inició un movimiento favorable a la restauración de los Borbones, que hizo triunfar definitivamente el general Martínez Campos, sublevado en Sagunto en 1875. Fue proclamado rey Alfonso XII y se promulgó una nueva constitución, moderada, que introdujo en España un periodo de relativa paz y estabilidad. Esto permitió a los religiosos volver a reorganizarse.

Con el concordato de 1851 se suprimió la bula Inter graviores y con ella la alternativa. Los agustinos españoles siguieron siendo gobernados por medio de un Comisario General Apostólico, con amplias facultades. En consecuencia, proseguía la división de la Orden. Los Comisarios Apostólicos tenían la misión de regir los destinos de los agustinos españoles, que en realidad al principio se reducían a los del convento de Valladolid y los de dos casas más que habían fundado los Agustinos filipinos. Pero, pasada la tormenta, con el restablecimiento de la monarquía borbónica, el Comisario Apostólico, P. Tintorer tomó la iniciativa de restaurar la Orden en España.

V. LA RESTAURACIÓN DE LA ORDEN EN ESPAÑA

Tras la desamortización de Mendizábal sólo quedó en España el Real Colegio de los Agustinos Filipinos de Valladolid, de la provincia de Filipinas. Desde él, la Orden fue renaciendo en toda España.

Restauración de la Provincia de Castilla

En 1866 los agustinos de Valladolid se hicieron con el Monasterio de Nuestra Señora de la Vid (Burgos), entonces abandonado. En 1881 fundaron un nuevo convento en Barcelona. En este mismo año el P. Tintorer comenzó la restauración de la Orden en España. Al principio el proyecto era el de restaurar las provincias desaparecidas (Castilla, Catalano-aragonesa y Andalucía); pero después el proyecto se convirtió en restauración de la provincia de Castilla. Para ello en 1881 compró un convento en Calella, en lo que sería el primer paso de esa restauración. Para asegurar su pervivencia se le dio una comunidad en Puerto Rico, colonia aún española. En el año 1894 la Provincia de Castilla fundó el seminario de Calahorra. Poco tiempo después comenzó la construcción del colegio de Guernica y el año 1901 el de León. En la segunda mitad de siglo XX fundó varias casa en el Levante. De ella depende el Vicariato de las Antillas y uno de los existentes en Brasil.

Calahorra

Fundación de la Provincia Agustiniana Matritense del Sagrado Corazón de Jesús

basilicaPor su parte, los agustinos filipinos de Valladolid se hicieron cargo en el año 1885 del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial y del Colegio de Alfonso XII por mediación del nuncio Mariano Rampolla del Tíndaro, conocedor del P. Tomás Cámara, OSA, por entonces obispo auxiliar de Toledo. Para estas fechas, la promoción de los estudios iniciados en Valladolid en 1865 había dado ya sus frutos. Su mejor prueba era la Revista Agustiniana –después La Ciudad de Dios– fundada del año 1881. El año 1890 la provincia de Filipinas recuperó la iglesia y residencia que los agustinos habían tenido en Palma de Mallorca. El año 1892 los agustinos filipinos instalados en el Monasterio del Escorial crearon dentro de este mismo edificio la tercera comunidad, la del Centro de Estudios Superiores María Cristina para dedicarse a las enseñanzas universitarias.

La generación de eruditos e intelectuales creada en Valladolid bajo el influjo del P. Cámara fue trasladada casi íntegramente al Monasterio del Escorial. Como la Provincia de Filipinas era una provincia dedicada desde su fundación a las misiones, se produjo un poco de tensión entre los miembros de la provincia que seguían con su actividad misionera y los eruditos e intelectuales que se dedicaban a los estudios y a la enseñanza. Estos aspiraron pronto a erigirse en provincia aparte. Después de algunas tensiones e incidentes, los mismos superiores de la Provincia de Filipinas se decidieron a pedir al Capítulo General celebrado en Roma el año 1895 que se hiciese una nueva provincia para que se encargase de las cargas contraídas por la provincia con la fundación del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. El capítulo pasó el encargo de la erección de la nueva provincia al nuevo Prior General. Este nombró una comisión que estudiase el asunto y las condiciones en que debía fundarse la nueva provincia. La comisión hizo un proyecto, el prior General lo aprobó y en 1895 decretó la erección de la nueva provincia, que se llamó Provincia Agustiniana Matritense del Sagrado Corazón de Jesús.

La Orden en las posesiones españolas y portuguesas de ultramar. Provincia de Filipinas

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Con la institución de la alternativa de la bula Inter graviores, los religiosos agustinos de las posesiones españolas de Ultramar pasaron a depender directamente del Vicario General o Comisario General Apostólico establecido en España y no del General como tal, fuese cual fuese su nacionalidad. Por otro lado con la invasión de las tropas napoleónicas los conventos de la Península Ibérica fueron suprimidos, con lo que los religiosos agustinos de Ultramar quedaron desatendidos desde España y Roma. Además los pueblos indígenas de las colonias españolas aprovecharon las circunstancias para hacerse independientes de España. Las nuevas ideas habían penetrado también allí y todo ello contribuyó al deterioro de la vida religiosa en dichos países. También en ellos hubo supresión de conventos y restauraciones. Sólo se liberaron de estas calamidades las islas Filipinas, pero éstas sufrieron las consecuencias de la conquista por los americanos 1898.

Los agustinos de la Provincia de Filipinas establecieron, por tercera vez, una misión en China, en Hunam septentrional, misión que fue confirmada por el papa León XIII del 1879. Esta misión duró hasta que Mao se hizo dueño del poder en China y expulsó todos los religiosos extranjeros. Al tener que salir de allí, Pío XII pidió que fuesen a Iberoamérica y así se hizo. Cuando las islas Filipinas pasaron al dominio de Estados Unidos, algunos de los religiosos abandonaron las islas y se establecieron en Sao Pablo (Brasil, 1899) y desde allí pasaron a Argentina. El prior General pidió a la provincia de Filipinas que ayudase a las provincias de Perú y de Colombia, que estaban a punto de desaparecer. Gracias a esta ayuda ambas provincias han recuperado recientemente el régimen ordinario. En el año 1983 la Provincia del Cebú, asentada en las Islas Filipinas, se desgajó de la Provincia de Filipinas.

En la actualidad, de la Provincia de Filipinas dependen las siguientes circunscripciones: Vicariato de Oriente (Filipinas, India y China); Vicariatos de Iquitos (Perú), Vicariato de Venezuela, Delegación de Tanzania y Delegación de Centroamérica.

Nacimiento de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de España

En España la Provincia de Filipinas siguió fundando casas. Cuando el P. Eustasio Esteban, de la provincia de Filipinas y muy amante de las misiones, fue nombrado Prior General, pensó que la provincia iba perdiendo su espíritu misional con tantas fundaciones en España, Brasil y Argentina. Así creyó que para que la provincia no se apartase de la actividad misional, lo mejor era dividirla en dos, dando a la nueva provincia las principales casas no misionales. Tenía que presidir el capítulo provincial que se celebraba en Valladolid el año 1926. Como suponía que si proponía la cuestión al capítulo le iban a hacer resistencia, se fue a la Congregación de religiosos, expuso sus ideas y la congregación le dio un decreto en que se prescribía la división. Con ello nació la provincia de Santísimo Nombre de Jesús de España.

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Tras su fundación, el año 1930, adquirieron el colegio del Buen Consejo en Madrid. Posteriormente fundaron el colegio san Agustín en Madrid, junto al estadio Santiago Bernabéu. Fundaron otras muchas casas en España. Ampliaron también las viceprovincias de Brasil y Argentina, recibidas de Filipinas. Se encargó también de la prelatura de Cafayate en 1969. En la actualidad tiene también casas en Portugal y está ayudando a la restauración de la Orden en la República Checa.

Luciano Rubio, OSA

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