Valores

Verdad

San Agustín pasa casi toda su vida en búsqueda de la verdad. Su inquietud no cesa hasta comprender que Dios es la Verdad que buscaba y, desde ese momento, consagra su vida a la contemplación y la vida en comunidad. Buscar la verdad juntos nos facilita el camino, pero no es posible encontrar la verdad con orgullo, sin despojarse de nuestras arraigadas concepciones. “Si la verdad es el objeto de las aspiraciones de todos los hombres, no puede ser coto cerrado de ninguno de ellos. La verdad no es mía ni tuya para que pueda ser tuya y mía” (Com. a los Salmos 103,2,11).

Amor

Amar es querer el bien para sí y para el otro. Si nuestro amor es bueno, como consecuencia, todo lo que hagamos será bueno. Cuando afirma San Agustín “ama y haz lo quieras”, no significa permisividad para la orientación de nuestros actos, sino que éstos estarán bien conducidos si los preside el amor. “Oye de una vez un breve precepto: Ama y haz lo que quieras. No puede brotar de la caridad mal alguno” (Tratados ep. S. Juan 7,8).

Amistad

TebeoSAgtLa amistad es una forma de concreción del amor. Puede llegar a ser auténtico “amor de alma a alma”. De hecho, San Agustín concibe que se pueden fundir varias almas en una sola. Esto no significa unidad en los gustos, los sentinientos, los proyectos, las opiniones…, sino unidad en el ser. Esta amistad, a lo largo de nuestra vida, sólo es posible con unas pocas personas, pero no es exclusiva. Además de los “amigos del alma” que tuvo en su vida, San Agustín vivió siempre rodeado de amigos. Con ellos se retiró en la primera comunidad y ellos fueron los que difundieron su vida, sus obras, su carisma…

La buena amistad contribuye a la felicidad, es un don precioso de la vida. La amistad es uno de los aspectos fundamentales para aprender la gratuidad del amor y contituye un pilar básico del ser humano y su felicidad. “Aquí existen dos cosas necesarias: la salud y un buen amigo” (Sermón Dennis 16,1).

Interioridad

Es el mejor camino para descubrir toda clase de verdades (de la naturaleza y del espíritu). La interioridad permite el aprecio de todo lo que nos rodea, la aceptación humilde de las limitaciones propias, el encuentro afable con los demás, la superación de las adversidades y la búsqueda de la verdad. Permite conocerse a sí mismo y conocer mejor a Dios, que reside en nosotros. “No te desparrames. Concéntrate en tu intimidad. La Verdad reside en el hombre interior” (La verdadera religión 39,72).

Libertad

Somos verdaderamente libres cuando procedemos con honestidad moral, cuando no estamos atados a nada ni a nadie. En esto consiste la auténtica madurez personal. Hablamos de una libertad interior que construye a la persona humana por dentro. Esto incluye saber decir “no” a cualquier esclavitud que provenga del dinero, del placer o del egoísmo. La libertad supone renuncias, en busca de un bien mejor. Supone compromiso y decisión. “La verdadera libertad no consiste en hacer lo que nos da la gana sino en hacer lo que debemos porque nos da la gana” (Serm. 344,4).

Comunidad

San Agustín nos convoca para buscar a Dios en comunidad. No es una mera compañía en nuestra vida, ni una distribución de servicios y habilidades, sino una base sólida para guiarnos firmes hacia Dios. Es el espíritu que aglutinaba a la primera comunidad cristiana, en la que San Agustín descubre el modelo que debemos alcanzar: “Lo primero por lo que os habéis reunido en comunidad es para habitar unánimemente en casa, para tener una alma sola y un solo corazón orientados hacia Dios” (Regla 1.3).

Justicia

No tiene que ver con las leyes humanas, que de hecho pueden ser injustas, sino con la Justicia de Dios. En ella residen los Derechos Humanos que reconocen las naciones. Por esta aspiración de los seres humanos por la Justicia, disfrutamos de unas mínimas garantías para vivir con dignidad y para que los demás nos respeten. Pero esto no significa que, en la práctica, sea una realidad universal. Se ponen por medio otros muchos intereses que relegan a muchos seres humanos a sufrir esclavitud, explotación, rechazo social, pobreza, persecución… Y en este escenario, no podemos vivir como espectadores. Debemos empeñarnos en que se terminen estas situaciones, poner nuestro grano de arena para que se alivien.

En relación, está la Paz y por ella también nos debemos implicar, vivirla en nuestro entorno y luchar porque se extienda en el mundo. “No basta con ser pacífico. Hay que ser hacedor de paz” (Sermón 357,1).

Solidaridad

Es consecuencia de la lucha por la Justicia. Vivimos en sociedad y nuestra vida afecta a otros, como la de los demas nos afecta a nosotros. Pero hay gente cerca que sufre por diversas circunstancias. No podemos estar al margen de su sufrimiento, lo debemos hacer nuestro y conducir nuestros pasos comprometiéndonos con todas esas personas. La solidaridad es manifestación de la caridad que debemos practicar como cristianos, pero no pretende tan sólo ayudar, sino que supone asumir el sufrimiento y tratar de sofocarlo.

El voluntariado reside precisamente en esto: ser solidario con el prójimo por justicia, no por limosna. Y así, podremos constatar que no es tan valioso lo que damos, como lo que recibimos de aquellos a quienes pretendemos ayudar: “Cuando ayudas a los demás, te ayudas a ti mismo” (Sermón 355,2).

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