Historia Provincia Castilla

UN POCO DE SU LARGA HISTORIA

En la segunda década del siglo XXI, echar una mirada atrás y resumir una historia de más de ocho siglos no es tarea fácil y sí arriesgada, por el peligro que conlleva omitir acontecimientos sustanciales. Todo en la historia de un organismo vivo es importante. Y la Provincia de Castilla desde su nacimiento allá por la segunda mitad del siglo XIII ha sido un organismo con vitalidad intrínseca y no ajena a serias invasiones de agentes tanto internos como externos a lo largo de sus más de ocho siglos de historia. En vísperas de la unión de las cuatro Provincias agustinianas españolas, la Provincia de Castilla, madre y maestra, quiere fundirse en un abrazo con aquellas que más o menos directamente brotaron de su seno maternal para –siguiendo los signos de los tiempos de la globalidad– confirmar una presencia agustiniana en España que sea a la vez testimonio y fuente renovada de evangelización.

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P. Juan Domingo de Amezti

Ya antes de la Gran Unión –en 1256– existen noticias de la Provincia de Castilla, aunque con la denominación de Provincia de España y sus Antillas, Provincia de Santo Tomás de Villanueva en España o Congregación de España. Se puede considerar instituida en 1256 cuando el P. Lanfranco de Septala, Prior General, tras la Gran Unión, divide administrativamente la Orden en cuatro grandes Provincias: italiana, franco-inglesa, alemana e ibérica o de España, en la que se incluían todos los conventos de la península. Aunque sin una fecha precisa, ya en 1295 había nacido, procedente de la Provincia de España, la Catalano-Aragonesa (Aragón Cataluña y Reino de Valencia). La ‘antigua’ Provincia de España se circunscribía ahora a Castilla y Andalucía. A esta doble territorialidad, aunque por otros motivos,  se debió la división de la Provincia de España -Castilla y Andalucía- en el Capítulo General de 1526, y que nuevamente volvieron a fusionarse por decisión del Capítulo General de 1541 presidido por el P. Jerónimo Seripando bajo la denominación de ‘Provincia de la Observancia de España’. Esta Provincia de la observancia –Castilla y Andalucía– fue divida definitivamente en el Capítulo provincial de Dueñas (Palencia), en 1582, con el nombramiento de sus respectivos Priores Provinciales –Juan de Guevara y Hernando de Peralta–. En adelante, cada una viviría su propia historia en paralelo con las circunstancias históricas comunes.

La misma Provincia de Castilla, en su capítulo provincial de 1588 celebrado en Toledo, puso las bases para la fundación de la Recolección agustiniana.

La fría relación de hechos en el transcurso de años y centurias esconde una profunda vida religiosa hacia dentro y proyectada al mundo y a la Iglesia.

La Provincia de Castilla es madre de santos y sabios religiosos a lo largo de los tiempos de su existencia: Juan de Sahagún, Tomás de Villanueva, Alonso de Orozco son tres destacados santos en el canon de la Iglesia; Luis de León, Pedro Malón de Chaide, Luis López de Solís, Martín de Córdoba y un extenso etc. jalonaron la historia de las letras españolas y a los que posteriormente siguieron Bartolomé de los Ríos, Tomás de Herrera, Diego Tadeo González, Enrique Flórez, José de la Canal… Algunas sedes episcopales fueron ocupadas por prestigiosos pastores de la Provincia: Tomás de Villanueva (Valencia), Juan de Muñatones (Albarracín-Segorbe), Luis López de Solís (Quito), Agustín Antolínez (Santiago de Compostela).

El siglo de oro español lo fue también para la Provincia de Castilla. En el Capítulo provincial de 1531 celebrado en Villanubla (Valladolid) se aprueba enviar cuanto antes misioneros al Nuevo Mundo y, así, en 1533 llegaba a México el primer grupo de agustinos españoles. Desde este primer enclave, pasarían posteriormente a los diferentes países sudamericanos: Perú, Bolivia (1551), Ecuador (1573), Colombia, Venezuela (1575) y Chile (1595). En 1565 Fr. Andrés de Urdaneta recibe la encomienda de dirigirse desde México a Filipinas dando origen a la nueva Provincia hermana del Smo. Nombre de Jesús de Filipinas (1575).

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P. José Valentín de Alústiza

El crecimiento de conventos y frailes se mantuvo hasta mediados del siglo XVII, pero aún en la segunda mitad del siglo XVIII, la Provincia de Castilla tenía unos 766 religiosos, casi un tercio de los agustinos españoles en ese momento, distribuidos en 39 conventos. Su ambiente cultural y religioso brilló a gran altura en este siglo de las luces; baste recordar el madrileño convento de San Felipe el Real, auténtico semillero de reconocidos escritores y motor intelectual de la Provincia.

España vive en el siglo XIX los días tenebrosos de la desamortización de los bienes eclesiásticos. La Provincia de Castilla no estuvo al margen de aquellos hechos que provocaron la inevitable dispersión de los religiosos y el destino de los  conventos para el servicio público. Sólo el convento de Valladolid –Provincia de Filipinas– y Monteagudo (Navarra) –Recoletos– se vieron a salvo de la destrucción. Castilla quedó como la semilla enterrada en el surco, sin rastro externo de su pervivencia, pero con la fuerza vital que encierra la semilla. En palabras tomadas del decreto de  restauración emitido por Fr. José Tintorer y Tagell, Comisario General Apostólico de la Orden de Ermitaños de N. P. S. Agustín en España y sus Dominios, el 8 de septiembre de 1883, “… gracias a la eficaz cooperación y ayuda de nuestra amada Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de las Islas Filipinas y a los trabajos y desvelos del celoso e infatigable anciano P. Fr. Juan Domingo de Amezti, (…) hemos comenzado ya (…) la Restauración de las perdidas Provincias (…)

(…) considerando que desde la unión general de nuestra Orden, verificada en 1246, siendo Sumo  Pontífice Alejandro IV, de feliz memoria, todos nuestros Religiosos de España pertenecieron a una sola Provincia hasta que por su grande incremento y extensión juzgaron conveniente nuestros predecesores dividirla en las tres mencionadas –Castilla, Andalucía y Aragón– (…) venimos a decretar lo siguiente:

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P. Marcelino Aróstegui

Esta Provincia (…) no es nueva, sino Restauración de las tres antiguas, (…) se llamará Provincia de España y sus Antillas (…) Perduró con esta denominación hasta el Capítulo General de 1907 en el que se le asignó nuevamente el nombre de Castilla y se aclararon las dudas sobre su precedencia en el ámbito de las demás Provincias agustinianas españolas: “…haec Provintia antiqua praecedentia gaudeat atque nomen accipiat Provintia Castellae cum iuribus, quoad antiquas Provintias Castellae, Beticae et Aragoniae, eidem anno 1881 a Rmo. Tintorer in decreto instaurationis concesis. (Anal. Agust., II (1907-1908), Decreta seu definitiones Capituli Generalis, septembris, 1907, XXI, 2), pág. 211).

El 1 de noviembre de 1881 se firmó el decreto de constitución de la primera comunidad en Calella (Barcelona) formada por cuatro religiosos sacerdotes y seis novicios. Eran los primeros brotes del árbol de la nueva Provincia de Castilla recién restaurada. En 1883 se funda Valencia de Don Juan como seminario que albergó a los novicios y profesos de la Provincia de Castilla hasta 1907 y entregada después a la Provincia hermana de Filipinas (1915), adquiriéndola en propiedad en 1925.

En 1896 llegan los primeros religiosos a Puerto Rico (San Germán) y en 1907 se nombra el primer Vicario regional de Las Antillas.

En 1931 se abre paso en USA y en 1933  llegan los primeros agustinos de la  Provincia  a Brasil.

El número de religiosos sacerdotes  era de 220, distribuidos en más de treinta comunidades.

En 1960 sale a la luz la Revista Agustiniana de Espiritualidad (hoy Revista Agustiniana) y en 1988 la Editorial Revista Agustiniana, fundida ya con las otras tres editoriales agustinianas bajo la denominación de Editorial San Agustín.

Desde la restauración, se han celebrado 34 capítulos provinciales y fueron 25 los Priores Provinciales que, hasta el presente, han regido sus destinos, algunos de los cuales fueron reelegidos para  distintos mandatos.

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