Ejercicios espirituales en Chipiona 2016

En los días señalados con anterioridad, desde el 7 hasta el 11 de diciembre de 2016, nos hemos reunido 22 hermanos para realizar los ejercicios espirituales en la casa de espiritualidad de Santa María de Regla, de Chipiona. Todos los asistentes éramos de la provincia de España y pertenecíamos a nueve comunidades: Sevilla, Ceuta, Cádiz, Huelva, Portugal, Palencia, Columela, San Agustín (Madrid) y Buen Consejo (Madrid).

El santuario de Santa María de Regla tiene una gran tradición agustiniana. La familia Ponce de León hizo donación de la ermita de Nuestra Señora de Regla, que tenían en Chipiona, a la orden de San Agustín, en 1399. La entrega se realizó en Sevilla, el 22 de abril de 1399, ante varios escribanos públicos de la ciudad hispalense. Este mismo día, dio su autorización don Gonzalo de Mena, arzobispo de Sevilla, para que los agustinos tomásemos posesión de la ermita. Además, dio licencia para que en sus alrededores se edificase cementerio, campanario y todo lo que fuese necesario para la fundación del monasterio. El convento de Nuestra Señora de Regla estuvo atendido por los agustinos desde 1399 hasta 1835 (436 años), que lo tuvimos que dejar como consecuencia de la exclaustración monástica. En la actualidad, el convento de Regla está dirigido por los franciscanos.

En esta casa de espiritualidad franciscana, de raíces agustinianas, hemos celebrado los ejercicios espirituales. Han estado dirigidos por el hermano Enrique Gómez García, OAR. Los principales temas que trató estuvieron relacionados con las características esenciales de la vida agustiniana: la interioridad, la vida comunitaria, la eclesialidad… Puso mucho énfasis al exponer el carisma de la vida fraterna. Él hablaba de “Forjadores de comunidad”. Leyó con mucho interés el texto de san Agustín de Las Confesiones: “Había todo un montón de detalles por parte de mis amigos que me hacía más cautivadora su compañía: charlar y reír juntos, prestarnos atenciones unos a otros, leer en común libros de estilo ameno, bromear unos con otros dentro de los márgenes de la estima y respeto mutuos, discutir a veces, pero sin acritud, como cuando uno discute consigo mismo…”. Continúo comentando algunas líneas más de este capítulo hasta terminar con esta frase: “se iban fundiendo nuestras almas y de muchas se hacía una sola” (Conf IV,8,13).

Hay que resaltar el ambiente fraterno que se vivió en todo momento. Existió una gran corresponsabilidad de todos los hermanos participando en las oraciones y celebraciones litúrgicas. La música estuvo a cargo del P. Miguel Ángel San Gregorio, que sirvió para amenizar y mejorar el ambiente festivo de los momentos de oración.

P. Jesús Manuel Gutiérrez. OSA